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sábado, 9 de marzo de 2013

Semana de la Fantasía: Juventud y Mancias

En las últimas semanas he disfrutado de una serie televisiva, de la que desconocía su existencia y al descubrir por mero azar, adquirí de inmediato...estoy absolutamente maravillado. Se trata de Carnivàle, que en sólo dos temporadas (¡una verdadera lástima!) se hizo un hueco en esta edad de oro, en estos años o décadas prodigiosas de la mejor televisión. Pronto le dedicaré una entrada como merece, pero en realidad el asunto del día viene al hilo de los créditos de Carnivále...en ellos las cartas del tarot, los arcanos, menores y mayores se entremezclan en un collage fascinante, inquietante, mistérico...y claro, enseguida me retrotraje a mis años mozos, a mi dorada juventud...pónganse cómodos, y sigan leyendo, si les place.

                          

En el verano de 1984 me leyeron las cartas del tarot, por vez primera. Una amiga de mi hermana mayor, ayudada de la baraja de Marsella, me entregó el mazo, yo barajé...y a partir de ahí extrajo diez naipes, formando una cruz, cuatro más que las rodeaban en círculo, añadiendo una hilera vertical  a la izquierda...aquello me resultó fascinante, quedando prendado de inmediato por esos dibujos, esos símbolos, que podían anticipar, imaginar un futuro, relatar un pasado, discernir un presente...
No me lo pensé un momento, y enseguida adquirí un precioso tarot español, derivación del ya citado de Marsella, editado por Heraclio Fournier...acompañado de un pequeño folleto, que incluía cuatro pinceladas de lo símbolos y distintos métodos combinatorios para escrutar lo desconocido...pero aquello era insuficiente, necesitaba manuales, bibliografía para iniciar a los neófitos y es que aún poseyendo una correcta e incipiente biblioteca sobre lo mágico y misterioso, no tenía un sólo volumen dedicado a esa mancia...afortunadamente, en aquellos años existía una colección y una editorial, Realismo Fantastíco de Plaza & Janés, donde había de casi todo, ya fueran ovnis, alquimia, parapsicología o continentes perdidos...de esa manera el número 101 de la misma era nada menos que El Tarot, de Stuart R. Kaplan ¡justo lo que necesitaba! En ese librito de bolsillo venía todo muy bien explicado, los veintiún arcanos mayores, todos los menores e innumerables métodos adivinatorios. Enseguida me hice con el mío, que no era otro que el primero que experimenté en carnes propias semanas atrás...las diez cartas, la cruz, el círculo, la hilera vertical. Como quien no quiere la cosa, al hacer lecturas para amigos de forma casual, en alegres salidas nocturnas de juventud...percibí enseguida que aquello era un auténtico imán para las relaciones sociales, y muy especialmente para el sexo opuesto. Era sacar las cartas en algún sarao, fiesta o simplemente en la cafetería de la facultad, y organizarse un pequeño remolino, chicas que solícitas suplicaban una lectura, me pedían el teléfono para quedar en días posteriores y poder tener una sesión más sosegada...muy gratificante todo, la verdad. Por supuesto yo salía ya estudiado y leído de mi casa, relacionaba los arcanos, interpretaba la lectura, predecía... de forma digna, debo añadir. Pero eso no bastó para convencer al gran crítico que tuve que soportar en esos días, que no era otro que mi buen amigo Pepe Cahiers, que me espetaba de forma socarrona y casi admonitoria "a mí no me engañas, tú utilizas esas tonterías para ligar, y sacar de paso alguna cerveza gratis en los pubs"...como pueden comprobar, Cahiers en estado puro.

Cuando empezamos en clase a organizar lo que se llamaba entonces paso del ecuador, que no dejaba de ser un viaje de estudios, una de las fórmulas recaudatorias era la de instalar una barra en fiestas señaladas de la ciudad, ya fuera el día de San Cecilio, Carnavales...y claro, junto con las copas de rigor, bocadillos, tabaco y demás, una de las ofertas de la misma era nada menos que una lectura del tarot, al módico precio de veinte duros...aquello supuso un éxito descomunal, y es que había momentos que había más público interesado en mis dotes adivinatorias que en las viandas...particularmente divertidos fueron unos carnavales, los de 1988 creo, donde me instalé en la barra ataviado de túnica celeste y capirote merlinesco...o aquel día de San Cecilio donde tras la lectura de las diez cartas a un estrafalario ciudadano francés, superviviente tardío de mayo del 68, quien nos regaló una surrealista interpretación de Et maintenat... antes de caer sobre nuestro mostrador, con gran estrépito y monumental escándalo, todo hay que decir. 

En realidad yo siempre tenía mi baraja presta y dispuesta para acontecimientos prometedores, como cierta tarde de diciembre... poco después del puente de la Inmaculada y presintiendo que las clases se cortaban de forma inminente, lo cual significaba que el ambiente en la cafetería sería interesante...casi se me escapa un poco el asunto de las manos, ya que si no recuerdo mal, realizaría lecturas a casi treinta personas, aunque eso sí, el jolgorio valía la pena, con mayoritaria presencia femenina, y con alguna divertida beldad sentada en mis rodillas ¡ah, juventud, feliz y despreocupada!...

Todos esos divertimentos no eran óbice para que la razón de ser de todo aquello, las cartas, los arcanos del tarot me fascinaran por encima de todo...fui adquiriendo una notable colección de barajas desde el Madonni, de audaces dibujos, a mi mazo favorito, que no era otro que el Rider, unos naipes de estética muy de los tebeos de Harold Foster, y que por cierto, es el que utiliza Sophie en Carnivale, amén de innumerable bibliografía, de la que me quedo siempre con esa obra maestra de Alberto Cousté, El Tarot o la máquina de imaginar...incluso tuve algún discípulo interesado en que le revelara mis saberes (posiblemente por percibir que aquel arte mayor tenía unos efectos colaterales muy de reseñar),
provocando la chanza de Cahiers, quien decía que eso ya era el colmo de la charlatanería más palpable...pero fíjense, poco después, el bueno de Cahiers me sorprendió regalándome unas cartas...¡de propia creación!, y es que siendo nuestro amigo bloggero un creador de cómics, no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia, que todo aquello era más que fascinante...


¿Saben? hace ya años, lustros que no he vuelto a echar las cartas, ni tan siquiera para mí mismo...quizás como contraposición a aquella época tan endiabladamente divertida, tan deliciosamente frívola...haya aprendido a tener un reverencial respecto a esos símbolos, esa mancia... Sol, Luna, Torre, Mago, Rueda de la Fortuna... o tenebrosas espadas, en las que estoy convencido hay un saber, un conocimiento escondido que a veces nos advierte o simplemente nos supera...como bien sabe Sophie, prodigiosa heroína y avatar supremo de Carnivàle.
       

martes, 8 de noviembre de 2011

Los Humoristas


Hace más de veinticinco años, adquirí gracias a Librería Fontana (extinto y extraordinario lugar a quién debo una entrada como merece) un estupendo y curioso libro, Los Humoristas, que en realidad era una recopilación de las más de cincuenta entrevistas que el periodista José M. Vilabella realizó para la revista Asturias Semanal, a los humoristas gráficos más representativos del panorama nacional, durante los años 1974-75.

El volumen, aparte de ser una radiografía deliciosa de la sociedad española de esos días, muestra la enorme categoría artística e intelectual de los entrevistados; Mingote, Chumy Chúmez, Forges, Ibáñez, Soria, Máximo... y por encima de todo late el espíritu crítico esperanzador, de quienes saben que están viviendo un momento histórico, y lo reflejan en ese arte, más mayor que nunca, que es la historieta.

Les dejo unas muestras de esos genios, de ese humor, coyuntural a veces, atemporal en otros, caustico en ocasiones, y brillantísimo siempre...




 







domingo, 25 de septiembre de 2011

Abril del 68

España no inicia su andadura en el eurofestival hasta el año 1961, siendo la debutante Conchita Bautista, de la mano de un tema deliciosamente compuesto y arreglado por Augustó Alguero, Estando contigo.


Ya desde esas primeras ediciones, TVE, o lo que es lo mismo, el Ministerio de Información y Turismo, mostraron un enorme interés en el evento, intentando potenciar la imagen exterior del país, en plena etapa de desarrollismo económico.
Al igual que hacían todos los competidores, se buscaba lo más granado del panorama musical, para llevar una representación con aspiraciones, que pudieran luchar de igual a igual con todas las potencias eurovisivas. Tras esa primera actuación, fueron defendiendo el pabellón hispano artistas como los TNT, Victor Balagué, José Guardiola, de nuevo Conchita Bautista, mostrando todos ellos profesionalidad y oficio, logrando buenas críticas, pero no pasando en ningún caso del noveno puesto, y en dos ocasiones quedando en última posición, el temido y temible farolillo rojo...

De este modo para la edición de 1966, TVE decidió presentarse con el cantante más popular del momento, el crooner por excelencia de la música española, nada menos que Raphael, Rafael Martos, todo un ídolo de la canción, poseedor de una voz extraordinaria y un dominio magistral sobre el escenario. Manuel Alejandro compuso, ex profeso, Yo soy aquél, que tuvo un enorme éxito y obtuvo la mejor clasificación de los nuestros, una séptima plaza, premio escaso para una actuación que merecía como poco el pódium. 
Pero la actuación del jienense fue tan notable que TVE no tuvo la menor duda en ofrecerle repetir al año siguiente, a intentar de nuevo fortuna, en este caso en la imperial Viena.
De nuevo Manuel Alejandro fue el compositor de una preciosa balada, Hablemos del amor, que de nuevo obtuvo una gran acogida, consiguiendo la mejor actuación hispana hasta ese día, la sexta plaza, en un año de nivel espectacular, donde Europa conoció a una jovencísima Vicky Leandros, y su L´amour est bleu, llegando a ser número uno de ventas en Estados Unidos, y la ganadora Sandie Shaw, con sus Marionetas en la cuerda, un exitoso hit en toda Europa, incluida España, donde hasta Ibáñez lo refleja en una de las divertidas historietas del Botones Sacarino.

Lógicamente, para la edición de 1968 no acudiría de nuevo Raphael y en este caso la dirección del canal público centró el foco en un joven cantautor de Barcelona, Joan Manuel Serrat, buena y personal voz, mejor compositor y con gran estilo, que tras varios álbumes en catalán estaba preparando trabajos también en castellano. A punto estuvo de seleccionarse su Tirititero, bellísima melodía, pero finalmente se optó por la alegre y festivalera composición del Dúo Dinámico; La, la, la. Manuel de la Calva y Ramón Arcusa habían revolucionado la música popular española en los últimos diez años, y sabían perfectamente lo que podía triunfar en un certamen de esas características.
La elección era perfecta; Serrat la matizó desde los primeros ensayos con su toque inconfundible, y sonaba de maravilla. Se grabaron los clips en varios idiomas, y las casas de apuestas apuntaban que España podía obtener un éxito inesperado.
Pero en Gran Bretaña nadie pensaba en eso, ni se mostraban preocupados por la competencia de otras favoritas como Irlanda o Francia. Tras el sensacional suceso de Las marionetas en la cuerda, la BBC apostó, nada menos que por una estrella como Cliff Richard, que aunque no podía contar para el certamen con sus amigos los Shadows, se sentía invencible con su Congratulations, canción ligera y divertida donde las hubiera, en la que el cantante anglohindú se mostraba como pez en el agua. 


Apenas veinte días antes del evento, surge lo inesperado: Serrat anuncia que no acudirá a Londres si no es interpretando el La la la en catalán. Se han vertido ríos de tinta sobre toda la polémica, desde enormes presiones al cantautor por parte de grupos catalanistas, hasta la teoría de jugada maestra comercial y publicitaria que llegó demasiado lejos.
Lo cierto es que Joan Manuel aceptó encantado desde el principio la invitación de acudir al ESC de ese año, y trabajó con entusiasmo junto al Dúo Dinámico para dar forma y arreglos a la canción elegida.
Nadie dudaba que TVE, ni por supuesto el aparato del Régimen, pudieran aceptar, ni tan siquiera negociar lo que consideraban un órdago inasumible apenas tres semanas antes del festival. Contrarreloj, se pensó en pergeñar una solución de emergencia, y para ello se acudió a la misma casa de discos a la que pertenecía Serrat, Novola-Zafiro, por si había algún artista de su catálogo que pudiera aceptar ese caramelo envenenado, y salvar los muebles de la forma más digna posible.
Desde Zafiro recomendaron a una potente vocalista, María Félix de los Ángeles Santamaría, Massiel, que se encontraba a la sazón de gira por México.Cuando recibió la sorprendente llamada de Jesús Aparicio-Bernal Sánchez, la madrileña no dudó ni un segundo en embarcarse en semejante jardín. Y se puso manos a la obra.
En apenas dos semanas se realizaron nuevos ensayos, y tanto el maestro Ibarbia, como Arcusa y De la Calva, se mostraron de acuerdo en envolver la melodía en un tempo ligeramente más rápido que la inicial elegida para Serrat. Y la verdad es que sonaba fenomenal el nuevo arreglo. Ya sólo faltaba elegir el vestuario, y para ello se realizó una oportuna visita a París, donde la propia artista eligió un precioso modelo de Courreges.

Un frío abril de primavera londinense, recibió con entusiasmo lo que debía ser la consagración y confirmación de todos los pronósticos. Inglaterra estaba feliz tras su victoria en los Mundiales de fútbol de 1966, entusiasmada con la gloria conquistada por Sandie Shaw, y veía que en ese 1968 el Manchester United acariciaba la Copa de Europa y Cliff Richard podía obtener un histórico doblete eurovisivo.
La expedición española, con el sempiterno Ibarba, el periodista Federico Gallo, el Dúo Dinámico y Massiel, arribaron en el Royal Albert Hall, con cierto y ligero optimismo, y es que tras la catarsis de los días pasados, la copla elegida había vuelto a tomar aire, y casi estaba ya al nivel de la francesa Isabelle Aubret, muy cerca de la tercera plaza,según las casas de apuestas.
El seis de abril de 1968 tiene lugar el certamen, siendo el primero que se emite a todo color por televisión, con una estupenda realización, y un sonido impecable.
Cuando salta el Reino Unido en el duodécimo lugar, se escuchan gritos entusiastas de jovencitas a la usanza de los Beatles. La actuación local es de categoría, con un Richard que canta de maravilla y se mueve casi mejor. El apoyo del coro no es baladí, y tras la ovación final, nadie duda en el Albert Hall del triunfo inminente, en apenas una hora.
Massiel sale al escenario en el puesto 15, y lo hace sin ningún miedo ni similar. Suelta, simpática, luciendo piernas, y con la poderosa voz que tiene. Muy buena actuación, muchos aplausos, y en pocos minutos comienza la suerte suprema.

 Las perspectivas británicas eran muy claras: a mitad de la votación ya debía haber una distancia cómoda con los inmediatos seguidores, y en el último tercio ya pudiera estar el triunfo consagrado, como lograron las Marionetas un año antes. Pero sorprendentemente, y distanciándose de Francia e Irlanda, España estaba siempre a muy poco margen de los anfitriones, y ya en la penúltima votación, Alemania concede seis votos a España y dos al Reino Unido, que se ve superado en ese momento por un ajustado 28-29. En la última votación, Yugoslavia podía otorgar el triunfo a ambos. Para monumental sorpresa, los balcánicos no otorgan ningún voto a los dos primeros, manteniéndose inamovible la mínima ventaja hispana, para desesperación local.

La victoria de Massiel se vivió por la televisión en nuestro país como si del gol de Marcelino ante la Unión Soviética de Yashin, o el triunfo de Manolo Santana de 1966 en Wimblendon.       
De hecho, la llegada a Barajas de los vencedores eurovisivos, tuvo más afluencia popular que la del Real Madrid ye-ye, en la conquista de su sexta Copa de Europa. Recorrieron las calles capitalinas en un precioso descapotable blanco, mientras ya en TVE se pensaba en organizar un magno festival para el año siguiente, nada menos que en el Teatro Real, y de inmediato se ofrecía Salvador Dalí en diseñar el cartel del ansiado ESC 1969.

A Cliff Richard siempre le quedó el regusto amargo del triunfo que se escurre entre los dedos, algo que ni imaginaba que fuera posible sólo unos días antes. Por ello, cuando en 1973 la BBC le ofrece representar de nuevo al Reino Unido, esta vez en Luxemburgo, ni lo dudó un instante, reclamando de inmediato la colaboración de sus amigos Shadows, y defendiendo una estupenda canción, con aires hippies, Power to all our friends, con la que estaba dispuesto a no volver a quedar segundo...y acertó de pleno, porque el bueno de Cliff no tuvo otra mejor idea que volver en la edición de aquel choque de trenes, cuando saltaron a la arena eurovisiva esos dos Mihuras desbocados, nada menos que Anne Marie-David vs Mocedades...y tuvo que conformarse con la tercera plaza. ¡Pero a quién se le ocurre!





sábado, 18 de junio de 2011

El jaleo de los días (de feria)

La semana pasada fallecía el escritor y agitador cultural Jorge Berlanga, hijo del gran Luís, y al que recordaba como contertulio de QGEC, y sobre todo, colaborador de aquella maravilla periodística que fue la sección Gente y aparte, del diario ABC.

A finales de los ochenta, la centenaria cabecera de la calle Serrano, publicaba los sábados unas deliciosas páginas de ocio, cultura alternativa, cómic, y sobre todo un humor finísimo y surrealista, que emparentaba con la mejor escuela de La Codorniz.
Jorge Berlanga, María Jaén, Vampirella...pinceladas ¡nada menos! que de Jaime Urrutia y Santiago Auserón...
Por si eso fuera poco, no faltaba la tira cómica, fabulosa, inigualable de Buitre Buitaker, obra maestra de ese genio llamado Ricardo Gallardo. Esas cuatro viñetas sabatinas, donde se mostraban las peripecias del inefable Buitaker, un fascista casi más carota que añejo, y de su sobrino y pupilo Blasito, asistente sin sueldo, (hasta que se subleva y su mentor tiene que acceder a "pagarle sus miserables denarios") que tenían su hogar en la barcelonesa estatua de Colón, son de lo mejor que se haya publicado nunca en ese género tan anglosajón, y tan poco hispano (no me pregunten por qué).


 
La colaboración de Santiago Auserón fue un regalo llamado Manifiesto del Rock & Roll, donde el músico aragonés mostraba unas dotes fuera de lo común para la escritura; no en balde las letras de sus canciones son de lo mejor, o lo mejor que se haya visto, leído u oído en la música popular del pasado siglo en nuestro país, en el mismo Olimpo que Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina.
Y es que en 1987, cuando se publica La canción de Juan Perro, asistimos al alumbramiento de un álbum portentoso, plagado de canciones y letras de una riqueza, vistosidad... brillantes y complejas, que me siguen admirando cada vez que las disfruto de nuevo.


 El jaleo de los días de feria
ya se oía a un kilómetro del pueblo
y un extraño acento en el hablar
de los que halló por el camino.

Un coro de muchachas y una vieja
levantándose las faldas al bailar
y un jovencito de broma peligrosa
haciendo gala del orgullo local.

De los que dan dinero por la noche
para que nunca termine su canción
para que sude el músico ambulante
su condición de vagabundo.

Es ya la hora del aperitivo
y todavía no funciona el tiovivo
el músico buscó la acera en sombra
y la ventana donde olía a flor.

Tenga esta rosa blanca, señorita
a cambio de su negro pensamiento
por qué motivo temblaron sus labios
vio en sus ojos el fondo de un volcán.

Y mientras tanto corría la sangre
en la plaza, como un vino común
y las plumas de los gallos
por el aire volaban aun.

Quítese usted de en medio forastero
que ya no quedan señoritas en el bar
ya cantó como el gallo de pasión
pero ésta es mi canción
y el baile va a empezar.

El músico ambulante se agarró del vaso
y sintió que flotaba en la luz artificial
apuró el trago de madrugada
un borracho imitaba el canto del gallo.

Se deslizó por una callejuela
antes de que empezase a clarear
y al pasar por la ventana enrejada
suavecito empezó a silbar.

Pero nadie conocía la tonada
que era inventada para la ocasión
y se fue por el camino a contemplar
los desvelos de las últimas sombras.

Y caminando iba pensando que ganar
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
y que por eso te hacen daño los huesos
cuando golpeas fuerte.

Y así se fue chasqueando los dientes
en memoria de algún actor
cuyo nombre se ha perdido
y que hacía de bandido


y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.
 
                                                


Y siendo hoy sábado...¡qué pena no poder encontrar en el quiosco, nada parecido a aquello! no encontrar la tira de Buitaker, los manifiestos de Auserón, o los delirantes delirios de esas páginas, de ese Gente y aparte...


sábado, 12 de enero de 2008

El héroe olvidado


A principios de los años cuarenta, en plena posguerra, revivió en España un auténtico auge de la cultura popular.La tonadilla, el cinematógrafo, el fútbol, la radio, y por supuesto los tebeos, mostraban el anverso amable a tanta penuria.

En ese contexto, en 1944, se publica el primer número de una serie que iba a prolongarse durante más de veinte años, y que iba a marcar un hito en el cómic hispano:El Guerrero del Antifaz que a lo largo de 668 números, de 1944 a 1966, en su versión en blanco y negro y apaisada, se convirtió en un fenómeno editorial sin precedentes en nuestro país.

Y todo debido a la creatividad de un auténtico genio, Manuel Gago, que con apenas diecinueve años inició los primeros episodios, contando para los guiones con la colaboración de Vicente Tortajada, de su cuñado Miguel Quesada y de su hermano Pablo.

La acción, desarrollada en los tiempos de los Reyes Católicos, en los últimos años de la Reconquista, se inicia con elementos del más puro folletín, con nuestro héroe descubriendo su verdadera identidad como hijo del Conde de Roca y no del reyezuelo Ali-Kan, y tratando de vengar a su madre y recuperar su linaje:"El Guerrero lucha al lado de los Reyes Católicos, pero cubre su rostro con un antifaz para guardar su doloroso pasado" reza la introducción de uno de los primeros tebeos de la serie.A partir de ahí la saga crece en ritmo y un vigor narrativo extraordinario, con una soberbia galería de personajes, magníficamente retratados, y una no desdeñable calidad literaria en los diálogos, no superada por ninguna publicación española coetánea o futura.

El éxito superlativo de la serie sorprende hasta a los propios editores, con cifras medias semanales de casi 150.000 ejemplares, y alcanzando picos en números concretos de más 600.000 vendidos,(lo que provoca que la conclusión de la saga se alargue en varias ocasiones, llevando un lógico agotamiento de los argumentos).Los lectores estaban prendados de la figura de Adolfo de Moncada,conde de Roca y de la Estelaria, verdadero nombre del Guerrero, que encarnaba las virtudes caballerescas hasta su mayor grado, recogiendo la tradición castellana del Mío Cid, con elementos añadidos de un sir Gallahad.
No podía faltar la dama del héroe, que encarnaba doña Ana María, la condesita de Torres, lo que añadía a la trama el toque de amores imposibles, que no se verá resuelto hasta el episodio 362 con el feliz enlace, pese a las numerosas beldades que amaban al Guerrero sin ser correspondidas (Zoraida, Aixa, la Mujer Pirata, Beatriz, Deope) pero era tal la maestría de los argumentos que siendo los lectores mayoritariamente masculinos, no se sentían en absoluto molestos ante tanta subtrama amorosa...


A mediados de los años 50 se publican los primeros números de El Capitán Trueno, en su versión original y su remedo El Jabato,(incluso habría un tercero a fines de los 60, El Corsario de Hierro) y con ellos se desplaza el dominio del tebeo en España.En este caso, aparte del magnifico tándem Mora-Ambrós, contaban con el acomodo de un imperio editorial, Bruguera, con todo tipo de personajes y creaciones, ante la más modesta y desorganizada Editorial Valenciana.
Aún así la saga del conde de Roca sigue funcionando notablemente, y se prolonga hasta 1966, y en 1972 se inicia la nueva edición coloreada,(eliminando de forma absurda algunas escenas por "demasiado violentas") con más páginas por cuadernillos, y que compite dignamente contra el monopolio de hecho que era Bruguera y que vivía su mejor época.

Pero ya en esos años empieza a surgir un curioso y dañino fenómeno; empieza a circular la especie en artículos, ensayos, que durarán hasta hoy en día, del supuesto carácter fascista de la obra, con elementos racistas y exaltadora de valores inapropiados.No ayuda en demasía la propia actitud de Gago, que en 1979 crea las Nuevas Aventuras, que nos muestra un Guerrero que no tiene nada que ver con el conocido, así como el resto de personajes como don Luis o los hermanos Kir, y que ya no encarnaban los valores de nobleza que los identifica.El resultado es que ni se atrajeron nuevos lectores, que para esas tendencias ya tenían otro tipo de publicaciones y miles de seguidores dieron la espalda a esa continuación, como si de apócrifa se tratara.

Todo lo contrario del reconocimiento que recoge Víctor Mora, siendo distinguido con notables galardones en España y Europa, e incluso inspirando su Capitán Trueno canciones de éxito, mientras nuestro nobilísimo Guerrero aparece en un famoso collage del equipo Crónica, insertado en un Guernica, y repartiendo mandobles a diestro a siniestro como si fuera un elemento más de la Legión Cóndor...
Esa tamaña injusticia, casi similar a la que había vivido el enmascarado en sus viñetas, era incompatible con una simple lectura de sus aventuras, ya que aparte de algunas gotas de antisemitismo en un par de secundarios, encontramos la amistad del Guerrero hacia musulmanes, como los tres hermanos Kir o el enorme respeto hacia enemigos como Alhamar o el León de Estambul,y no tiene reparos en ayudar al Sultán Bayeceto; las referencias hacia Boabdil en la serie son como la de un rey preocupado por el honor como referente de gobierno, y no duda en cargar las tintas contra cristianos indignos como su primo Hernán.

"Guardad silencio: Osmin y Zoraida son buenos musulmanes y les hieren vuestras burlas a los elementos de su fe", reprende el Guerrero a su fiel Fernando y al resto de la tripulación ante las chanzas con que definían al sultán Bayeceto. "Mis padres y mis antepasados nacieron aquí, aunque musulmana de fe, soy también española" le interpela la bella Zoraida cuando tiene que abandonar la Península.


Entre tanto desprecio demagogo se solidarizan con el personaje una estupenda edición conmemorativa de Quiron Ediciones en dos volúmenes, con motivo del 50 aniversario, una encendida defensa de Luis Alberto de Cuenca y el soneto (algo libre) de Enrique Martínez Peñaranda dedicado a la dulce Aixa, que sigue emocionando a todos los seguidores de la serie:

Hoy recuerdo las flores de tu frente,
la sombra de tristeza en tu mirada,
tu juvenil temblor de enamorada,
besando al héroe, emocionadamente.

Presa acosada por Hamet Zenete,
por sus Jinetes Negros rastreada,
a una flecha al Guerrero destinada,
opusiste tu pecho adolescente.

En el refugio de los Kir, cuidada,
Santhal y Soleimán se consagraron
a tu servicio para protegerte

Como mujer y reina te adoraron,
hasta con la razón extraviada,
más allá de la vida y de la muerte.


(Eso sí, mi chica favorita de toda esas historias que me siguen apasionando era y es ...la Mujer Pirata). 

lunes, 4 de junio de 2007

Héroes colaterales


En fechas recientes se ha cumplido el centenario del nacimiento de Hergé, el mítico creador de Tintín, y puede que el máximo exponente de esa linea clara, limpia, tan cara de la escuela franco-belga del cómic.

Debo confesar que nunca he sido entusiasta del intrépido periodista; esa mixtura de caricatura y realismo nunca ha llegado a seducirme, aún reconociendo su peso en el mundo de la historieta, y en la cultura popular del pasado siglo. Pero si algo me interesa de Hergé es que a su sombra surgió una autentica pléyade de creadores, y entre ellos, siendo además coetáneo,se encuentra Edgar P. Jacobs, que tras su trabajo como rotulador, no tarda en dar forma a sus propias historietas.

A diferencia de su maestro, Jacobs se inclina enseguida por un perfil más realista, sin abandonar el canon de la linea clara, ese acentuado detallismo, esos bocadillos hiperinflados de texto, y ese tratamiento tan característico del color.Y sobre todo hay el sabor de la aventura, de la aventura clásica por excelencia, que Edgar P. encuentra y da forma gracias a sus dos grandes creaciones, el capitán Francis Blake, jefe del M.I.5. (servicio de contraespionaje británico) y el profesor Phillip Mortimer, brillante físico escocés.
Con estos dos personajes, una especie de Holmes y Watson, pero sin diferencia intelectual entre ambos, como ocurría en la saga de Conan Doyle, Jacobs creará una serie de once extraordinarios álbumes, desde El misterio de la gran Pirámide, a Las tres formulas del profesor Sato, y donde la médula de la serie es esa épica, que tendría en cine su referencia más paralela en los filmes de Raoul Walsh o Howard Hawks, en los que prevalecía siempre la amistad, la profesionalidad y la lealtad sin ambages ni solemnidades.
Ambientados en los años 50, en plena guerra fría, podemos encontrar también ecos de cierta literatura pulp, e incluso no podría faltar la némesis de nuestros héroes, encarnada en la maligna figura del Coronel Olrik, un malvado no sabemos si más pintoresco que peligroso.

Tras la desaparición de Jacobs en 1987 tuvo lugar un hecho extraordinario: en lugar de concluir, la serie continuó con una fuerza renovada, gracias al concurso de los dibujantes y guionistas europeos más prestigiosos como Yves Sente, André Juillard, Jean Van Hamme y Ted Benoit, lo que supuso hitos como El caso Francis Blake o La maquinación Voronov, que aunque pueda parecer una herejía, resultan incluso más atractivos que los legendarios de su creador.

De enorme éxito en Francia y Bélgica, con ventas en estos países que superan los cientos de miles de ejemplares, y de gran reconocimiento por parte de la crítica, (El caso Francis Blake, fue portada del suplemento cultural de Le Figaro) en nuestro país nunca han pasado de moverse en ámbitos minoritarios, lo cual no debe sorprendernos en demasía, y es que Blake y Mortimer son políticamente muy incorrectos, presentando imperdonables aristas: Elegantes fumadores de pipa, amantes del buen brandy, defensores irredentos de los valores y libertad de Occidente, y aficionados a brindar en ocasiones con un "God save the Queen", perlas varias de una intolerable y subversiva provocación...
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