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sábado, 18 de junio de 2011

El jaleo de los días (de feria)

La semana pasada fallecía el escritor y agitador cultural Jorge Berlanga, hijo del gran Luís, y al que recordaba como contertulio de QGEC, y sobre todo, colaborador de aquella maravilla periodística que fue la sección Gente y aparte, del diario ABC.

A finales de los ochenta, la centenaria cabecera de la calle Serrano, publicaba los sábados unas deliciosas páginas de ocio, cultura alternativa, cómic, y sobre todo un humor finísimo y surrealista, que emparentaba con la mejor escuela de La Codorniz.
Jorge Berlanga, María Jaén, Vampirella...pinceladas ¡nada menos! que de Jaime Urrutia y Santiago Auserón...
Por si eso fuera poco, no faltaba la tira cómica, fabulosa, inigualable de Buitre Buitaker, obra maestra de ese genio llamado Ricardo Gallardo. Esas cuatro viñetas sabatinas, donde se mostraban las peripecias del inefable Buitaker, un fascista casi más carota que añejo, y de su sobrino y pupilo Blasito, asistente sin sueldo, (hasta que se subleva y su mentor tiene que acceder a "pagarle sus miserables denarios") que tenían su hogar en la barcelonesa estatua de Colón, son de lo mejor que se haya publicado nunca en ese género tan anglosajón, y tan poco hispano (no me pregunten por qué).


 
La colaboración de Santiago Auserón fue un regalo llamado Manifiesto del Rock & Roll, donde el músico aragonés mostraba unas dotes fuera de lo común para la escritura; no en balde las letras de sus canciones son de lo mejor, o lo mejor que se haya visto, leído u oído en la música popular del pasado siglo en nuestro país, en el mismo Olimpo que Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina.
Y es que en 1987, cuando se publica La canción de Juan Perro, asistimos al alumbramiento de un álbum portentoso, plagado de canciones y letras de una riqueza, vistosidad... brillantes y complejas, que me siguen admirando cada vez que las disfruto de nuevo.


 El jaleo de los días de feria
ya se oía a un kilómetro del pueblo
y un extraño acento en el hablar
de los que halló por el camino.

Un coro de muchachas y una vieja
levantándose las faldas al bailar
y un jovencito de broma peligrosa
haciendo gala del orgullo local.

De los que dan dinero por la noche
para que nunca termine su canción
para que sude el músico ambulante
su condición de vagabundo.

Es ya la hora del aperitivo
y todavía no funciona el tiovivo
el músico buscó la acera en sombra
y la ventana donde olía a flor.

Tenga esta rosa blanca, señorita
a cambio de su negro pensamiento
por qué motivo temblaron sus labios
vio en sus ojos el fondo de un volcán.

Y mientras tanto corría la sangre
en la plaza, como un vino común
y las plumas de los gallos
por el aire volaban aun.

Quítese usted de en medio forastero
que ya no quedan señoritas en el bar
ya cantó como el gallo de pasión
pero ésta es mi canción
y el baile va a empezar.

El músico ambulante se agarró del vaso
y sintió que flotaba en la luz artificial
apuró el trago de madrugada
un borracho imitaba el canto del gallo.

Se deslizó por una callejuela
antes de que empezase a clarear
y al pasar por la ventana enrejada
suavecito empezó a silbar.

Pero nadie conocía la tonada
que era inventada para la ocasión
y se fue por el camino a contemplar
los desvelos de las últimas sombras.

Y caminando iba pensando que ganar
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
y que por eso te hacen daño los huesos
cuando golpeas fuerte.

Y así se fue chasqueando los dientes
en memoria de algún actor
cuyo nombre se ha perdido
y que hacía de bandido


y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.
 
                                                


Y siendo hoy sábado...¡qué pena no poder encontrar en el quiosco, nada parecido a aquello! no encontrar la tira de Buitaker, los manifiestos de Auserón, o los delirantes delirios de esas páginas, de ese Gente y aparte...


viernes, 22 de abril de 2011

El Milagro de Dreyer

Alguna vez he referido lo que disfruté y aprendí durante los diez años que estuvo en antena el programa de José Luis Garci QGEC, con esos coloquios memorables...que luego durante la semana mi amigo Pepe Cahiers y yo continuábamos, sobre todo si Juan Miguel Lamet estaba entre los invitados. También he hecho referencia a lo que significó aquella emisión de Lunes Santo de 1995, cuando descubrí, descubrimos más de un millón de personas en España, esa película incalificable, llamada Ordet, (La Palabra) de Carl Theodor Dreyer.

Desde ese venturoso día, desde esa noche de 1995, habré visionado esa obra media docena de veces, y dado lo apropiado de estas fechas, decidí volver a encontrarme con ella.
Ordet es una de las contadas obras que trascienden el componente artístico, en este caso cinematográfico, para ofrecernos una ceremonia de misticismo...una liturgia, casi un Sacramento.
 
No es que los que no sean creyentes, no puedan, ni deban disfrutar de esta excepcional película, de sus movimientos de cámara, de esa fotografía en blanco y negro, de esa conmovedora historia...



Pero a los que creen, a los que queremos creer, esta obra de arte nos ofrece, nos regala, el encontrarnos con la fe; con el poder de la palabra; del verbo; con la visión noble y limpia de esa niña, que no tiene la menor duda del prodigio que va a realizar su tío Johannes.


Esa película, nos anuncia, nos anticipa, nos proclama en cualquier día el Domingo de Gloria, nos revela tres milagros mientras admiramos y contemplamos:
El milagro que es el corolario de la película.
El milagro que resulta en sí, toda ella.

Y por último, El milagro de recordarnos, de recordarme, de volverle a mostrar a mi alma dormida, todo aquello que una vez, siendo niño, me fue enseñado.



sábado, 19 de febrero de 2011

Bratislava, mi ventura

Hace unos años a mi hermana le concedieron una beca Erasmus, para que continuara sus estudios de violín en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Allí estuvo varios cursos, y tras concluir su carrera realizó un máster de interpretación. Perfeccionó su técnica en un lugar de fabulosa cultura musical, y dominó su instrumento con una maestría emotiva y admirable.
La segunda persona que resultó enormemente beneficiada de esa beca fue...el que escribe, claro. Gracias a esa favorable coyuntura viajé cinco veces en los últimos cuatros años a esas tierras, al corazón de la Vieja Europa.

Bratislava está en un enclave geográfico delicioso. A sese
nta kms de Viena, a pocas horas de tren de Praga y Budapest, esa ciudad y ese país es el secreto mejor guardado de Centroeuropa. Ya a finales del primer viaje empecé a tener sensaciones, sentimientos muy curiosos. Y es que estando enamorado de Praga, fascinado por Budapest y adorando Viena, en Bratislava tenía la impresión de encontrarme en mi casa, de estar en mi ciudad, de vivir en mi país de adopción.

Bratislava es una ciudad festiva, con terrazas en las calles, con una vida que asombra, sin ser la verbena que es Praga, y con un aroma que parece Granada en primavera, con aires de Plaza Nueva o Bibarrambla.
Y es que en Bratislava está mi restaurante, el lugar donde mejor se come del Mundo,
el Modra Hviezda (La Estrella Azul), junto al Castillo, en un interior algo oscuro, con pianista por la noche, donde se puede ir a cualquier hora de 11 a 11, y donde se puede degustar el mejor gulash, el mejor ganso, la mejor oca...y los mejores caracoles. Olvídense de los caracoles del Albayzín, o de los cargol catalanes, en La Estrella Azul sirven, en una pequeña fuente esos moluscos sin concha, aderezados con unos champiñones que le llevan a uno al nirvana. Siempre que volvía a Bratislava lo primero que le preguntaba a mi hermana era "¿qué día vamos a la Estrella Azul?", y ella me respondía divertida que teníamos reserva para esa misma noche.
Pero si la comida es buena, la cerveza es...no hay palabras para hablar de la cerveza más prodigiosa de la cristiandad, algo tan fabuloso, que
ni los propios eslovacos son conscientes de lo que tienen. Zlaty Bazant son las palabras mágicas, de ese néctar que alimenta y vivifica, ya sea en male pivo o velke pivo (yo siempre recomiendo esto último). En Bratislava y sobre todo en los felices días de Banská Bystrica aprendí que la cerveza no hay que tomarla tan fría, como siempre hago en mis cuarteles mediterráneos, sino que hay que saber degustarla a temperaturas más apropiadas "me estoy eslovaquizando" lo decía siempre a mi hermana, mientras reeducaba mi paladar.

Y en Bratislava hay chicas guapísmas, encantadoras, con las que se podía conversar de la maestría del cineasta Jan Sverak, y la más guapa, la más encantadora, se admiraba que pudiera estar hablando con un español de su película favorita, Kolya (¡gracias sean dadas a José Luis Garci!).

Siempre que me iba de esa ciudad tenía la impresión que ése sería el último viaje, la última semana en esas tierras, pero siempre volvía al año siguiente, volvía para oír en los trolebuses esa voz femenina que indicaba las paradas,
Radvanska, Petrzalka, Hrad...para comer en la Estrella Azul, o para disfrutar una ópera un martes por la noche...
Y sobre todo para estar con mi hermana, porque al igual que cuando Carlos V paseaba por palacio con su hijo Felipe, el Rey-Emperador al pasar delante de un retrato de Fernando el Católico le decía, señalando la imagen "A éste se lo debemos todo". Pues yo no sé si todo, pero si sé que a mi hermana le debo tantas, tantas, tantas cosas...


martes, 24 de agosto de 2010

¿Quién mató a Liberty Valance?

El pasado año en el espacio de José Luis Garci Cine en blanco y negro, heredero del mítico QGEC, se proyectó la obra maestra de John Ford El hombre que mató a Liberty Valance. En el coloquio posterior José Luis Garci ahondó en la tesis, ya lanzada en alguna otra ocasión, que el verdadero responsable de la muerte de esa sabandija de Valance, podía ser en realidad Pompey, el criado negro de Tom Doniphon (John Wayne), contradiciendo así la historia que éste le contó a James Stewart (Ramson Stoddard), el héroe oficial de la gesta de Shinbone.
Llegados a este punto considero que cu
alquier hipótesis está abierta, así que repasemos la hipótesis real, la oficial y las variables, o lo que es lo mismo la Historia, la Leyenda, y las otras variables...


Tom Doniphon: A despecho de la historia oficial no fue el senador Ramson Stoddard quién realizó ese disparo certero, sino el gran Duke, que ya en la memorable escena del restaurante está a punto de acabar con el pistolero, por mor de un impresionante bistec. En realidad ambos, Valance y Doniphon, son y representan el viejo oeste, pero Wayne sabe, posiblemente a su pesar, que el ferrocarril y la política son el futuro que lo barrera todo...



Ramson Stoddard: Abogado, senador, embajador en la corte de su Graciosa Majestad. El hombre que llevó el ferrocarril a Shisbone, pero ante todo el hombre que mató a Liberty Valence, el hombre que osó hacer frente al villano más feroz del medio oeste, en un duelo de resultado sorprendente, que cambió la historia de esa ciudad, de ese estado, y quien sabe si de toda la Unión...


Pompey: El fiel criado de Doniphon, que siempre le cubre las espaldas, y que de confirmarse la tesis de José Luis Garci da un inesperado giro de tuerca a la historia. En este caso Wayne quedaría en una situación precaria, ya que mentiría vilmente a Stewart, seguramente por despecho al ver que Vera Miles no le corresponde y prefiere al caballero del Este , amén de todas las conontaciones racistas que queramos añadir.Hipótesis alambicada, aunque enormemente sugerente...


Marshal Link Appleyard: A nadie sorprende que el responsable de salvaguardar la ley y el orden en Shisbone no aparezca en ninguna de las hipótesis de posibles héroes. Cobarde, amante de los bistecs y las mujeres mexicanas, aseguran que el único secreto que supo guardar en su vida fue la llegada de Stoddard y su esposa al funeral de Doniphon.
Ni tan siquiera la posibilidad de un disparo por la espalda, bien emboscado, nos parecería verosímil.
..




Dutton Peabody: Director, editor y fundador del Shibone Star, gran aficionado al whisky y a recitar Enrique V a la menor ocasión, su duelo dialéctico con Valance es memorable, cuando antes de sufrir una descomunal paliza que casi acaba con su vida, le acusa solemnemente de atentar contra la libertad de prensa, todo aderezado con las shakesperianas alusiones al día de San Crispín.
No faltandole temeridad más que valor, de haber estado en el sitio adecuado, su habilidad con el revolver no era inferior a la del h
éroe oficial Stewart.

Hallie Stoddard: Tom Doniphon nunca sospecharía que la llegada de Ramson a Shibone trastocaría totalmente sus planes sentimentales con la bella e inteligente Hallie, y ese rancho que llevaba años construyendo ardería como símbolo de ese fracaso.
Nunca hay que descartar la determinación de una mujer valerosa, y ya Howard Hawks en Río Bravo nos mostró el estropicio que se puede generar con una simple maceta...


lunes, 24 de septiembre de 2007

Milady(s)










En uno de los legendarios coloquios de ¡Qué grande es el cine! propuso José Luis Garci el divertimento de señalar la actriz-personaje más bella del cine, a juicio de los parroquianos de ese lunes. Creo que no tuvieron demasiada dificultad a la hora de proclamar a la sensual y encantadora Rita Hayworth en su caracterización de Gilda , como la vencedora de tan singular certamen.
Sin lugar a dudas nos encontramos en el ámbito del subjetivismo más absoluto, y con cientos de beldades en más de 100 años de séptimo arte, desde la sobrecogedora belleza de Lilian Gish en Las dos tormentas a la voluptuosidad extrema de Mónica Belluci en Bajo sospecha...

Y dada la premisa mayor, estoy en condiciones de poder afirmar que no creo que haya habido mujer más guapa y majestuosa, que la sin par Eleanor Parker, y no hace falta señalar un personaje concreto, ya sea frívola en Scaramouche, aparentemente frágil en Brigada 21, manipuladora y apasionada en Fort Bravo, o sencillamente abrumadora en Cuando ruge la marabunta. No hay más que observar la talla de los galanes que tenían que oponerle a miss Parker, ya fueran Kirk Douglas, Stewart Granger, William Holden o Charlton Heston.Daba igual, un gesto de la pelirroja robaba el corazón y el plano de esos profesionales.(Incluso haciendo de baronesa Schraeder, donde sólo podría ser apartada por la dulce Julie Andrews en aras del guión).
Coetánea de la Parker, (y rival en Scaramouche) sería la esbelta y resultona Janet Leigth, casi siempre con su simpático pelo corto...y poseedora del busto más sexy de esos años (en competencia con Jean Simmons),algo que ese viejo licencioso que siempre fue sir Alfred Hitchock supo mostrar de forma ejemplar en Psicosis, y no en la famosa escena de la ducha, sino en los primeros minutos del film, donde Janet se exhibe ora en sujetador blanco, ora en sostén negro, en impagables escenas de tranquilo y cotidiano erotismo...

A más de uno sorprenderá la siguiente invitada en este ensoñador desfile:Nada menos que Doris Days
, la estampa perfecta de la América conservadora de Eisenhower, icono de ejemplar novia, madre o esposa en los años cincuenta .Pero Doris era mucho más que todo eso; una cantante estupenda, de registros swingeantes, una muy aceptable actriz de comedia, y... una mujer esplendida.Quién tenga la menor duda no tiene más visionar la primera escena de Pillow Talk, para contemplar a la rubia en sugerente camisón turquesa, atusándose las medias y mostrando unas esculturales piernas que no tenían nada que envidiar a las de Angie Dickinson o Anita Ekberg.

Pero si algo bueno tiene el cine es que siempre nos puede sorprender una película ya vista, encontrar algún film perdido...y encontrar en él a la mujer que es imposible encontrar fuera del celuloide, que es lo que pasa si a uno se le ocurre revisar Las amigas de Antonioni, o lo que es lo mismo, toparse de bruces con Eleanora Rossi, una actriz quizás algo olvidada, y una fémina de belleza dura, sin concesiones, de caderas mediterráneas y gesto algo triste, de fortaleza, carácter y estampa que intimida por decir algo.

Y sería injusto, por no decir ingrato, no hacer referencia a algún personaje televisivo.Porque en este caso es imposible disociar la actriz, la mujer y el personaje.No podías ser otra que Gillian Anderson-Dana Scully, y es que nueve temporadas de X-Files dan para mucho.
Menuda, rozando el 1,60, Chris Carter tuvo que imponerse a la productora que no quería para nada a ese tipo de actriz, en una decisión que nunca le podremos agradecer bastante.Pelirroja, de ojos verdes, sonrisa encantadora, "un bollycao para intelectuales", la define Sara Martín en su impagable estudio sobre los Expedientes.En el episodio piloto se nos muestra en ropa interior, por mor de unas presuntas picaduras alienígenas (un regalo que ya no se repitió en casi 200 episodios).
Ayudada en la versión española por el excepcional doblaje de Laura Palacios, Dana nos ofrece algo distinto a las señoras de las últimas líneas. Todas ellas son mujeres de belleza extraordinaria, por cualquiera de ellas se perdería la cabeza en cualquier y en todos los instantes. Sí, cualquiera de ellas sería el sueño imposible de cualquiera...pero sólo en Dana Scully podría confiadamente uno, sin ninguna inquietud y para siempre, poner la vida propia en sus manos...


miércoles, 28 de febrero de 2007

¡Qué grande fue el Cine!

Hace pocas semanas se cumplió un año de la incomprensible retirada por TVE del mítico espacio de José Luis Garci, ¡Qué grande es el cine!. Con la emisión de Fresas Salvajes se ponía fin a más diez años de programa, y casi quinientas películas, cerrándose un círculo iniciado con El Buscavidas...
El programa de Garci recuperaba el espíritu de los clásicos cine-forum, de los cine-clubs, ya que tras la emisión del film, casi siempre de nivel más que excelente, venía el coloquio, sin duda el gran factor diferencial de QGEC, donde con ayuda de moviola, se analizaba y se comentaba la peli en cuestión durante más de 40 minutos...Esa admirable fórmula, nos permitió a muchos descubrir directores y largometrajes, e incluso ver con ojos distintos lo ya conocido, desde los populares Ford o Hitchcock, a filmografías y autores más ignotos.
Especialmente atractivos resultaron momentos como la emisión de los westerns de Anthony Mann, (en los que rivalizaba en maestría con el mismísimo Ford), casi todos con un soberbio James Stewart, como El Hombre de Laramie o Tierras Lejanas; casi todo Hitchcockt, mucho Billy Wilder, y buenas dosis de los maestros italianos y japoneses...
Pero si por algo será recordado QGEC es por sus memorables coloquios, en los que se notaba cuando estaban presentes los miembros del "núcleo duro", integrado por Miguel Marías, Juan Cobos, Oti Rodríguez Marchante, Eduardo Torres-Dulce...y por supuesto Juan Miguel Lamet, que se las pintaba solo para llevar la contraria a todo el mundo, y proclamar su inefable cruzada contra el cine de "montaje o videoclip" (no creo que Alan Parker haya podido recuperarse todavía de las diatribas con que despachó al Expreso de Medianoche), amén de provocar al personal cuando se refería a las presuntas ideas reaccionarias de John Ford, ante la atónita mirada de Miguel Marías...

Centauros del Desierto, Vértigo, El Río, El Último Refugio, El Tren, Cantando bajo la Lluvia, Rashomon, El Apartamento, Te querré siempre, Gunga Din... son sólo una pequeña muestra de lo que significó ese programa,( y de que los lunes no fueran tan terribles como cantara Bob Geldof); pero si hay que quedarse con un día de QGEC, es inevitable hacer referencia a la proyección de Ordet, la gran obra de Carl Theodor Dreyer, que contó con un millón de espectadores de audiencia, que quedaron estupefactos ante el arte y el misticismo del maestro danés. Y es que aunque sólo hubiera sido La Palabra el único film de todo el programa, aunque sólo hubiera habido ese único coloquio, habría merecido la pena. Y es que muchos debemos gratitud de por vida a José Luis Garci y a ¡Qué Grande es el Cine!, por el milagro que se nos regaló, en ese lunes santo de 1995...
http://www.youtube.com/watch?v=YdceabDiLR4
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