Dana Katherine Scully nace un 23 de Febrero de 1964, siendo la tercera de cuatro hermanos.
Su padre, William, era capitán de la US Navy,
motivo por el cual su infancia y adolescencia discurren en residencias de las diferentes bases de la Marina.
De todos sus hermanos la favorita de Dana es siempre Melissa, la hermana mayor, algo alocada, mientras que el primogénito William era para su gusto demasiado protector, e incluso severo para ser un hermano; a su vez Charles, el menor de la familia es algo peculiar, de tal modo que apenas tiene apego con el resto del clan.
Su madre, Margaret, es la figura especialmente sufrida y abnegada, sin reparar en tiempo y protección a todo la prole, y de una fortaleza fuera de lo común.
Pero Dana sentía especial veneración y admiración por su padre, que tenía en ella su ojito derecho. Así, la llamaba cariñosamente Starbuck y la jovencita se cuadraba y le respondía (haciendo un saludo militar) Ahab; y es que ambos compartían afición común por Moby-Dick, y adoran igualmente la misma canción Beyond the sea, en la deliciosa versión de Bobby Darin.
Como hemos referido, la infancia y adolescencia de Dana discurre por diferentes bases de la Armada, y pese a esos vaivenes, fue una alumna especialmente brillante, sin dar apenas disgustos a su padres, al contrario de Melissa, que era auténticamente ingobernable, incluso para la estricta disciplina del capitán Scully.
Tras graduarse de forma notabilísima en la High School, Dana ingresa en Berkley, donde se diploma en Física, y no contenta con ello se traslada a Maryland, donde empieza a estudiar la carrera de Medicina.
Son esos unos años fascinantes para la joven Scully, donde pasa de contactar con grupos anti-nucleares a entablar relación con un profesor quince años mayor que ella. Es en esos días cuando sufre una crisis de fe. Dana había sido educada en el catolicismo, pero pese a ese alejamiento, no se separa nunca de un pequeño crucifijo de oro, que le regaló su padre, y sin saber muy bien porqué, cuando pasa cerca de una iglesia, no puede evitar entrar, y permanecer unos minutos, no sabe sin pensando, reflexionando, o simplemente orando...
Compatibilizando sus estudios de medicina, publica su tesis doctoral en Física, que tiene y alcanza una enorme repercusión en el mundo académico; La Paradoja de los Gemelos de Einstein: Una Nueva Interpretación; que hará especialmente feliz y orgulloso a su padre, que seguía entusiasmado los progresos de su venerada hija.
En 1988 finaliza cum laude la carrera de Medicina, y a los pocos días, toma la decisión más importante y trascendente de su vida: Se presenta a las pruebas de acceso al FBI, y dado su currículum y capacidad, no tiene el menor problema en superarlas y en la primavera de 1990 termina su formación como Agente Especial Federal.
Aquella decisión provoca un enorme disgusto en su padre, y la relación tan intensa que mantenían se ve seriamente dañada; de hecho ya nada volverá a ser igual entre padre e hija; el capitán Scully, ya en la reserva, pensaba que su adorada Starbuck había arrojado una prometedora y brillante carrera científica por la borda, para embarcarse en una alocada aventura, que ni tan siquiera ostentaba el sello aristocrático de la Armada...
El FBI observa en Scully una excelente instructura, y durante más de un año su actividad se centra en la Academia de Quantico, donde imparte clases de anatomía forense, e incluso se le ve como una candidata a ser en poco tiempo una de las máximas responsables del Centro de Formación.
Pero en Marzo de 1992, Dana Scully es convocada para el viernes 6 a una reunión de alto nivel en el Edificio Edgard Hoover, sede central del FBI en Washinton D.C.
Esa mañana, a las 8 a.m., Dana entra con paso seguro al impresionante y señorial inmueble, y se presenta en la recepción:
-Agente Dana Scully.
Se dirige sonriente, tranquila, portando su bolso al hombro y un portafolios en la mano izquierda, al despacho del Jefe de Sección Scott Blevins, y con naturalidad toca la puerta con los nudillos.
En el despacho la espera Blevins, acompañado nada menos que de Joseph McGrath, otro Jefe de Sección, lo que la sorprende ligeramente ("¿Dos Jefes de Sección?") se pregunta sin llegar a la inquietud. Inquietud que si la atenaza de forma especial, cuando observa que el tercer componente que la espera es un oscuro y torvo personaje, que mira a la ventana fumando un cigarrillo Morley.
- Gracias por venir tan puntual, agente Scully,
siéntese. Veo que lleva dos años con nosotros; ¿Por
qué ingresó en el FBI?, usted estudió medicina, -le
indica Blevins.
- Me captaron en la Facultad, señor -asiente Scully-,
pensé que el FBI podía ser el lugar idóneo para
promocionarme profesionalmente.
- ¿Ha oido hablar de un agente llamado Fox Mulder?,
-interviene el otro jefe, McGrath.
- Sí, lo conozco por su reputación; se licenció en
Psicología en Oxford, se especializó en asesinos en
serie, y un informe suyo fue determinante para
capturar a Monte Props. Se le considera el mejor
analista en la sección de crímenes violentos. Tenía
un apodo en la Academia, Mulder el Siniestro. -Al
decir esa palabras Dana esboza una leve sonrisa,
pero no puede evitar que se le hiele, al sostener la
mirada de aquel oscuro y torvo personaje, que había
encendido otro Morley.
- También le diré, que el agente Mulder ha
desarrollado un enorme interés por un proyecto que
se aleja de la línea habitual de trabajo del FBI.
¿Conoce usted los llamados Expedientes X? -le
pregunta esta vez Blevins.
- Al parecer están relacionados con fenómenos paranormales -responde Dana.
- Más o menos, -sentenció Blevins-. Está usted aquí, agente Scully, porque queremos que ayude al
agente Mulder con los Expedientes. Redactará un informe sobre su actividad y observaciones, y especialmente sobre la validez de su trabajo.
- Ah, ¿Pretenden echar por tierra la investigación de
los Expedientes X, señor?
- Queremos que se responsabilice del análisis
científico; se pondrá en contacto con el agente
Mulder... y esperamos recibir pronto su
informe. -concluyó de ese modo la reunión Scott Blevins.
Dana abandona el despacho, pensando en el extraño cometido que se le había asignado. Más se sorprende cuando tras preguntar por el Departamento de Fox Mulder, tiene que bajar a los archivos, y aún más para dar con un sótano, que es en realidad el despacho de su nuevo compañero.
Toca de nuevo la puerta, con ese toque musical, que siempre le gusta utilizar.
- ¡Lo siento!, sólo se permite la entrada a los más buscados por el FBI, -la recibe de forma cómica el responsable de ese peculiar negociado.
Al entrar Dana, se encuentra lo que efectivamente es un sótano, sin ventanas ni aire acondicionado, con las paredes decoradas con fotografías de referencias paranormales, y un póster con un enorme platillo volante sobrevolando una foresta, y de leyenda la frase I want to believe. Sentado, estudiando unas diapositivas, está el agente Mulder.
- Agente Mulder, soy Dana Scully, me han enviado
aquí, -le tiende la mano y le ofrece su mejor sonrisa.
- Oh, es agradable que me envíen una ayuda de
repente, ¿en que lío se ha metido para que la envíen
aquí, Scully?
- Lo cierto es que me interesa el trabajo que realiza,
he oído hablar mucho de usted.
- ¿Ah, si? -responde de forma socarrona Fox-, tenía la
impresión de que la habían enviado aquí para
espiarme.
- Si tiene alguna duda sobre mi cualificación o mis
credenciales... -se pone a la defensiva Dana.
- Es usted médico, -la interrumpe Mulder- ha dado
clases en la Academia, también tiene conocimientos
de física, -y mientras habla busca unos papeles que
tiene sobre la mesa- "La Paradoja de Einstein: Una
Nueva Interpretación". Dana Scully, tesis doctoral.
No es una mala acreditación reescribir a Einstein...
- ¿Se ha tomado la molestia en leerla? -le pregunta
Dana, más divertida que molesta.
-Oh, sí, y me gustó; lo que pasa es que en mi trabajo
rara vez se pueden aplicar las leyes de la física...
A continuación Mulder proyecta las diapositivas, en las que se ven jóvenes fallecidos en extrañas circunstancias; todos tienen en común unas extrañas marcas en la espalda.
- Quizás usted pueda explicarme porque el FBI
cataloga estos casos como inexplicables y los
archiva...¿Cree usted que estamos siendo visitados
por alguna forma de vida extraterrestre? -inquiere
Fox a Scully, de forma teatral-.
- Tendría que decirle, logicamente, que no, dadas las
enormes distancias que habría que atravesar en el
espacio, la energía necesaria sería excesiva para la
capacidad de una nave...
- Teorías convencionales. Cuando la ciencia
convencional no nos ofrece respuestas, ¿no
podemos buscar en lo paranormal una respuesta
posible?.
Termina ese primer encuentro, emplazándose para el día siguiente, donde tomaran el vuelo de la mañana rumbo a Oregón, para investigar ese caso de los jóvenes asesinados y con extrañas marcas.
Dana se despide de su compañero, y la sonrisa que le ofrece esta vez es aún más noble, limpia y franca que la de hace una hora.
Ante Dana se presenta un asombroso camino, una nueva vida inimaginable y portentosa. Ella sí que va a ver cosas que nosotros ni soñaríamos. Se enfrentará a oscuras fuerzas, elementos desconcertantes, y seguirá el hilo de Ariadna mejor que Ariadna, para descubrir la mayor y escalofriante Conspiración, aquella que pretende entregar nuestra raza y nuestro Planeta a extraños alienígenas grises en el año 2012.
Pero también descubrirá en ese compañero la lealtad, el respeto, el afecto, y el amor con mayúsculas, como nunca habría imaginado.
Y ese compañero encontrará en ella su punto de equilibrio, su ancla, el soporte que mantendrá intacto en él ese frágil hilo de la cordura; y también descubrirá en ella la lealtad, el respeto, el afecto y el amor con mayúsculas como nunca habría imaginado.
Porque yo no sé cuantas, cuantas veces desde ese día se salvarán la vida mutuamente, Fox a Dana y Scully a Mulder.
Y tengo la sospecha, o la certeza aún mejor, que al igual que a Fox Mulder, mi propia vida ha sido salvada, más de una vez y también desde ese día, por Dana...