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domingo, 24 de noviembre de 2013

Un cóctel de otoño.


Hace unos viernes me instalé en un cómodo y moderno autobús Alsa Premium, dispuesto a arribar a la capital del Reino. Tenía una cita muy especial, deseada y altamente estimulante. Nada menos que los Pink Martini.



Pink Martini (esa pequeña orquesta como les gusta definirse) originarios de Oregon, llevan desde 1994 regalando el panorama musical con una mixtura de jazz ligero, swing, boleros, bossas, chanson française, Broadway...Pink Martini pergeñado, creado por obra y gracia de Thomas Laudarle y China Forbes.


Laudarle, pianista compositor y arreglista, China Forbes cantante prodigiosa y compositora, se rodearon desde ese 1994 de un grupo casi estable de metales, percusión, cuerda...el resultado fue una deliciosa irrupción con el álbum debut Sympathique, la canción que daba nombre al disco. Sympathique es una canción en francés, levemente inspirada en un poema de Baudelaire, compuesta con tal gracia y encanto por Laudarle y Forbes, que hay quien sigue pensando que es una pieza original, nada menos que de Edith Piaf.

Ahí está el enorme poder de atracción de los Martini. Son capaces de realizar covers, versiones fabulosas de grandes estándars (Amado mío, Anna, Brasil, Mas que nada), a la vez de creaciones originales, la citada y mítica Sympathique, Hey Eugene, Una notte a Napoli, Hang on little Tomato...todo ello con una producción impecable, (tienen su propio sello Heinz Records), arreglos limpios, elegantes y una alegría que envuelve todos sus discos. 
                                  
En 2011 China Forbes tiene que abandonar temporalmente la actividad musical por problemas de salud...así que Thomas Laudarle y la propia Forbes  deben convocar un reemplazo de garantías... y así fue como Storm Large, una rubia que marea, voz potente y una chispa fuera de lo común, fue la elegida. Storm, iniciada en el mundo del rock y una de las grandes animadoras del concurso Supernova, una Operación Triunfo americana, se adaptó como un guante a la pequeña orquesta. De tal modo, que una vez recuperada China, la escultural rubia continúa en el grupo. Forbes sigue componiendo, produciendo y llevando la voz solista en toda la gira americana, con Storm como artista invitada y para las actuaciones europeas, Large se las tiene que apañar sola (y de forma notable, of course).



El 20 de Octubre era el día de autos, el día de Pink Martini en Madrid. Y el que les escribe ya tenía su cuartel general, como tiene costumbre, en un confortable hotel del centro, entre Preciados y Gran Vía...sitio perfecto para perderse en La casa del libro, el Fnac, visitar sombrererías en la Plaza Mayor, o tomar una suculenta fabada recorriendo unos pocos metros hasta Casa Parrondo. El lugar del evento era La Riviera, una sala de fiestas muy conocida, pero a la que nunca había acudido y que es sitio común de actuaciones en vivo. Mi prevención era que al contrario de Barcelona, donde los Pink actuaban dos días después en el Palau de la Música, La Riviera, decían, no destacaba por su acústica...tampoco había patio de butacas, así que tendría que disfrutar del show de pie, como en mis años mozos. Recordaba que el último concierto de esa guisa sería en 1995, cuando acudí a la llamada de Los Rodríguez en el campo de fútbol Escribano Castilla de Motril, acompañado nada menos que de Pepe Cahiers...

Pero al llegar a la Riviera, y observar que había una muy buen afluencia  pero sin agobios...pues me coloqué a escasos metros del escenario, dispuesto a verlo todo muy cerquita...de ese modo cuando a las nueve en punto aparecieron todos los chicos de la orquesta con Thomas al frente (en total once músicos), y la escultural Storm entonando aquello de...  




Amado mio
love me forever
and let forever begin tonight

Amado mio
when we're together
i'm in a dream world
of sweet delight


...pues ya me percaté que estar de pie a cinco metros del escenario era todo un acierto, y una maravilla que ni sospechaba. 
Storm y la banda desgranaron durante hora y media todos los antiguos éxitos, desde el Eugene, Anna, Sympathique, y por supuesto las nuevas canciones de su recién estrenado álbum, Get Happy, donde visitan de nuevo estándars, se detienen en la música turca e incluso ofrecen delicias japonesas. Coronado con un fin de fiesta espectacular, el Brasil de Ary Barroso (sí, Ary Barroso, el mismo periodista desconsolado que narraba estupefacto el desastre de Maracaná). 
Imposible decirles si había buena acústica o no. A mí me sonó todo de maravilla mientras cantaba, bailaba, hacía alguna foto, filmaba un poco...veía a esos escaso metros disfrutar, actuar con entusiasmo y profesionalidad a esos músicos portentosos.


Al terminar el show, y llevado de mi carácter inquieto, me dirigí rumbo a los camerinos, para ver que ambiente había por ahí...quedé maravillado... la misma profesionalidad, la misma alegría que los Pink Martini derrocharon en el escenario, la tenían para atender a decenas de seguidores que les pedían autógrafos, hacerse fotos...me detuve con Storm, atenta, solícita  simpatíquisima...fotos, saludos... ¡y agradecimiento siempre, mi querida Storm!

Y ya camino del confortable hotel, mientras el taxi embocaba la Gran Vía madrileña, animada, aún en domingo y más de medianoche, pensaba como el nombre de ese último disco de los Pink Martini, no dejaba de hacerles verdadero honor: Get happy.






domingo, 6 de mayo de 2012

Ecos de Centroeuropa











 








          

 




                                  

sábado, 19 de febrero de 2011

Bratislava, mi ventura

Hace unos años a mi hermana le concedieron una beca Erasmus, para que continuara sus estudios de violín en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Allí estuvo varios cursos, y tras concluir su carrera realizó un máster de interpretación. Perfeccionó su técnica en un lugar de fabulosa cultura musical, y dominó su instrumento con una maestría emotiva y admirable.
La segunda persona que resultó enormemente beneficiada de esa beca fue...el que escribe, claro. Gracias a esa favorable coyuntura viajé cinco veces en los últimos cuatros años a esas tierras, al corazón de la Vieja Europa.

Bratislava está en un enclave geográfico delicioso. A sese
nta kms de Viena, a pocas horas de tren de Praga y Budapest, esa ciudad y ese país es el secreto mejor guardado de Centroeuropa. Ya a finales del primer viaje empecé a tener sensaciones, sentimientos muy curiosos. Y es que estando enamorado de Praga, fascinado por Budapest y adorando Viena, en Bratislava tenía la impresión de encontrarme en mi casa, de estar en mi ciudad, de vivir en mi país de adopción.

Bratislava es una ciudad festiva, con terrazas en las calles, con una vida que asombra, sin ser la verbena que es Praga, y con un aroma que parece Granada en primavera, con aires de Plaza Nueva o Bibarrambla.
Y es que en Bratislava está mi restaurante, el lugar donde mejor se come del Mundo,
el Modra Hviezda (La Estrella Azul), junto al Castillo, en un interior algo oscuro, con pianista por la noche, donde se puede ir a cualquier hora de 11 a 11, y donde se puede degustar el mejor gulash, el mejor ganso, la mejor oca...y los mejores caracoles. Olvídense de los caracoles del Albayzín, o de los cargol catalanes, en La Estrella Azul sirven, en una pequeña fuente esos moluscos sin concha, aderezados con unos champiñones que le llevan a uno al nirvana. Siempre que volvía a Bratislava lo primero que le preguntaba a mi hermana era "¿qué día vamos a la Estrella Azul?", y ella me respondía divertida que teníamos reserva para esa misma noche.
Pero si la comida es buena, la cerveza es...no hay palabras para hablar de la cerveza más prodigiosa de la cristiandad, algo tan fabuloso, que
ni los propios eslovacos son conscientes de lo que tienen. Zlaty Bazant son las palabras mágicas, de ese néctar que alimenta y vivifica, ya sea en male pivo o velke pivo (yo siempre recomiendo esto último). En Bratislava y sobre todo en los felices días de Banská Bystrica aprendí que la cerveza no hay que tomarla tan fría, como siempre hago en mis cuarteles mediterráneos, sino que hay que saber degustarla a temperaturas más apropiadas "me estoy eslovaquizando" lo decía siempre a mi hermana, mientras reeducaba mi paladar.

Y en Bratislava hay chicas guapísmas, encantadoras, con las que se podía conversar de la maestría del cineasta Jan Sverak, y la más guapa, la más encantadora, se admiraba que pudiera estar hablando con un español de su película favorita, Kolya (¡gracias sean dadas a José Luis Garci!).

Siempre que me iba de esa ciudad tenía la impresión que ése sería el último viaje, la última semana en esas tierras, pero siempre volvía al año siguiente, volvía para oír en los trolebuses esa voz femenina que indicaba las paradas,
Radvanska, Petrzalka, Hrad...para comer en la Estrella Azul, o para disfrutar una ópera un martes por la noche...
Y sobre todo para estar con mi hermana, porque al igual que cuando Carlos V paseaba por palacio con su hijo Felipe, el Rey-Emperador al pasar delante de un retrato de Fernando el Católico le decía, señalando la imagen "A éste se lo debemos todo". Pues yo no sé si todo, pero si sé que a mi hermana le debo tantas, tantas, tantas cosas...


sábado, 8 de mayo de 2010

Videoclip(s) de la semana


En la primavera de 2007 tuve la fortuna de asistir como espectador a la representación del magno músical/ópera/opereta de Leonard Bersntein, Candide, un espectáculo para frotarse las ojos, de una soberbia escenografía y unas canciones estupendas.
Sirva de muestra la obertura de la obra, dirigida por el propio Bernstein en 1988, dirigiendo a la London Symphony Orchestra , y una divertida versión del Glitter and be gay, con una sensacional y bellísima
Kristin Chenoweth...





domingo, 8 de abril de 2007

Siete días en otra ciudad

(En otra ciudad, y en otras ciudades...)

Bandejas de gulash y otras delicias, acompañadas de gigantescas jarras de cerveza; trolebuses y tranvías que te llevan a cualquier parte; noches de ópera, La Bohéme en Bratislava, Cándido en Praga,(¡una escenografía que admira!); hinchas alemanes que verán ganar (como casi siempre) a su equipo; un señorial castillo que contempla el Danubio; el Puente de Carlos, esplendor bohemio; la plaza de san Wescenlao que vive siempre en una verbena, un reloj astronómico que maravilla a mi madre; Praga mágica, Praga negra, Praga esotérica, de continuas referencias a Kafka y el Golem, pero mucho más que reclamo de turistas; la guapa recepcionista del Standard; los deslumbrantes palacios Hofburg, donde Sissi, (¿o era Romy Schneider?) paseaba su desdicha; un Mc Donalds salvífico y reparador; estancos que son el paraíso de los fumadores en pipa; el pub La Habana, (entonar guantanamera, guajira guantanamera, a cuatro voces con el coro más encantador que imaginar pueda); ruta en el Pendolino (no es el AVE, tampoco hay que exagerar); martinis en buena compañía...

Y al final, como coda final, un parque y una noria; la misma noria y el mismo parque en el que hace sesenta años Holly Martins pudo descubrir el mal con mayúsculas y comprender que su amigo Harry Lime ya nunca más sería su amigo, donde quizás tuvo la primera intuición que Ana no sería nunca suya, pero también donde tuvo la certeza, en ese viaje fantasmagórico, que nadie le robaría nunca, ni su dignidad, ni su ética...

(Dakujem, Conchi, dakujem)
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