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martes, 31 de diciembre de 2013

¡Me voy a bailar con Maki Nomiya!


Queridos amigos, desde ésta su casa, desde este blog, desde esta bitácora personal, desearles una feliz Nochevieja y un venturoso 2014.
Permítanme que salude de forma especial a los bloggeros que desde hace años me honran con sus visitas y comentarios (incluso cuando este espacio se actualiza de pascuas a ramos)...Pepe Cahiers, Clementine, Miquel Zueras, Maslama, Éowyn, Marcos Callau ...
¡Un fuerte abrazo a todos ellos!


Nada mejor para estas fechas, para estas efemérides festivas que bailar, alegrarse danzando, que diría el gran Battiato. Hace tiempo que en mi Facebook funciona de forma estable una sección que se ha convertido en todo un suceso, Me voy a bailar con Maki Nomiya, donde los jueves o viernes, presintiendo el week-end, se abre la pista de baile y entran en acción los Pizzicato Five, entra en acción Maki Nomiya, esa nipona con más estilo (y mucho más encanto) que Coco Chanel, y todo se vuelve alegría y ritmos sincopados. 


Con los Pizzicato, que dominaron los 90 con su deliciosa música pop-dance, me ocurre lo mismo que a Woody Allen con Cantando bajo la lluvia. Si no tengo mi mejor día, (I´m down que dirían los Beatles), me pongo de inmediato cualquier canción, cualquier mix que entone Miss Nomiya, y el resultado terapéutico es inmediato...

Así que queridos todos, lectores, comentaristas, público en general...¡Féliz 2014, que yo me voy a bailar con Maki Nomiya!



domingo, 6 de enero de 2013

Noche de Reyes

Alguna vez he escrito por aquí lo que me gusta la Navidad, todo ese delirio de luz, villancicos a ritmo de jazz, regalos, mazapán de Soto, Adviento previo, o despedida del año...en realidad mi fecha favorita de todo ese ciclo es la Epifanía, y sobre todo la noche de Reyes, la noche del cinco al seis de Enero...respeto a quienes prefieren a Papa Noel en sus múltiples advocaciones, pero yo nunca he caído en ese anzuelo...en ese sentido, la Navidad iba increscendo, quemando etapas, señoreaba, hasta la coronación, la guinda de la tarta en la noche del cinco...era un fin de fiesta memorable, homérico, con el espectáculo de la Cabalgata, y a partir de ahí... a partir de ahí la magia suprema. 

De crío no podía conciliar el sueño, pero por supuesto no hacía el menor ruido, ni apenas respiraba...lo único que deseaba es que amaneciera lo antes posible...porque lo que me esperaba la mañana del seis era la felicidad en grado sumo...y de múltiples
maneras: Camiseta del Athletic, un balón de reglamento (¡modelo oficial Inglaterra´66!), un coche a pedales...igualito al mítico Mach 5, el bólido del inefable Meteoro; tomos de El Guerrero del antifaz, Madelmans (todos fabulosos, ya fuera el Safari, Policía montada del Canadá, Ejercito de tierra, Esquimal, Buzo, Piratas...o el prodigioso Helicóptero, que fue el gran regalo de los Reyes de 1977); el Monopoly con el que se podían jugar horas y horas...el Fuerte Comansi; el Castillo Gigante; un precioso ajedrez de madera; 
la camiseta de la Selección española, que se prestaba a competir en Argentina´78 (sí, el Mundial en que Cardeñosa casi derrota a los brasileños).

En años adolescentes mucha música, casi siempre en forma de los Beatles, y en formato cinta de casete...y es que a partir de 1978-79, el radiocasete era imprescindible, al 
menos en mi existencia...fundamental para oír y grabar música (había que presionar dos botones a la vez, el play y el record), y por supuesto con la cinta virgen ya preparada, esperar que en la emisora de turno, sonara la canción que uno buscaba y anhelaba...ya fuera el Born to be alive de Patrick Hernández, el Goodnight to night de Paul McCartney & Wings o el Rock & Roll Boomerang de Miguel Ríos...


En esa época de juventud no podía faltar, en la mañana del seis de Enero estupendos, incomparables libros de la colección Realismo Fantástico de Plaza & Janés...Ovnis, misterios y dioses- astronautas que me regalaron (y me siguen regalando) ratos de gratísima lectura... 

¿Qué quieren que les diga? Han pasado ya años, décadas desde entonces, pero yo me sigo emocionando y divirtiendo la noche del cinco de Enero, porque si en el fútbol no hay nada más grandioso, más bello que la final de Copa...pues en la vida, pocas cosas más lindas que esa víspera, de nombre tan hermoso: Noche de Reyes.

lunes, 24 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!

Damas y caballeros, sin saber muy bien como ha sido, ya estamos a día veinticuatro, a escasas horas de Nochebuena...y como no podía ser de otra manera mis mejores deseos para todos, y muy especialmente a aquellos que me honran con sus visitas y comentarios.

Nada mejor para estas fechas que un villancico, por supuesto salteado, sazonado, condimentado al ritmo del mejor jazz...ese maridaje sencillamente delicioso, que es una excelente compañía, ya sea en los aperitivos o alternándolo con un buen tónico reconstituyente...

                           ¡¡FELIZ NAVIDAD!!




sábado, 24 de diciembre de 2011

¡¡Felices Pascuas!!


Adoro la Navidad. La he disfrutado como el niño que era en mi infancia, y al paso de los años, me doy cuenta que la sigo disfrutando, con el mismo o mayor deleite, incluso, que entonces.



Y nada más unido al deleite que aquella gozosa Epifanía gastronómica, que supusieron las Navidades de 1979, una de las que pasamos en Tudela, en casa de mis abuelos.Recuerdo como si fuera hoy, la tarde que mi tío Ángel trajo directamente de Soto, de La Rioja, un mazapán recién hecho, caliente, y que me invitó a probar sin más ceremonias.En aquellos años, en la Costa Tropical Granadina, el único mazapán que circulaba en los comercios del ramo eran las típicas figuritas, que eran más patateras que otra cosa. Cuando probé esa delicia, ese manjar que se deshacía en la boca, fui consciente que estaba ante un dulce sólo comparable a la Torta Real Motrileña (con la que tiene alguna conexión). Desde entonces, no concibo estas Fiestas sin esa delicatessen riojana.

Como no puedo concebirlas sin desear a todos los lectores y amigos de este blog, unas felices pascuas, una feliz nochebuena. Y que mejor exordio musical, que la estupenda versión que la diva danesa Sissel Kykjebo nos regala, de Juan Sebastian Bach, y que La novia era yo tuvo el detalle de recomendarme.
Nada mejor para este mediodía del veinticuatro que recordar, una vez más, un año más, que esta noche nace nuestra mayor alegría.

¡¡Feliz Navidad!!


martes, 21 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad

De pequeño no me gustaba el fútbol. En realidad no es que no me gustara, es que sentía hacia ese deporte la indiferencia más absoluta. Prefería jugar con mis indios, vaqueros, los fuertes, leer los tebeos de Bruguera o ver los dibujos animados de Don Gato, Meteoro o Simbad el Marino.
Pero al acabar las vacaciones de verano de 1972 y pasar del parvulario a primero de la Educación General Básica, nos tocó un suerte un profesor, que aparte de ser un estupendo maestro, era un verdadero fanático del balompié; formaba equipos, organizaba partidos e incluso increpaba a quienes no participaban de semejante fiesta.
El resultado es que para la festividad del Pilar yo ya me había convertido en un auténtico devoto de mi nuevo credo futbolístico. Veía los partidos por la televisión, acudía con mis padres al Estadio Municipal Escribano Castilla para seguir las andanzas del Club Deportivo Motril, y disputaba imaginarios y épicos encuentros contra mí mismo, en un fabuloso patio coronado por una señorial madreselva.

Empecé a coleccionar un maravilloso álbum de cromos de Ediciones Fher, de la primera división española de la temporada en curso, 1972-73. Aquello era el paraíso, ya que podía disfrutar de los 18 equipos, de sus plantillas básicas, de sus equipaciones en pleno color...y es que en aquellos años la televisión era en blanco y negro, y el fútbol, el prado verde, las vistosas equipaciones eran ensombrecidas en diferentes tonos de grises, pardos, blancos y negros... el álbum de Fher era todo un mosaico de color, de camisetas vivas, de césped verde, de escudos fascinantes...
El fútbol ya era lo que más me gustaba, pero curiosamente, no era de ningún equipo en particular; en realidad me gustaban todos, disfrutaba de las excelencias de todas sus estrellas y me fijaba en sus vestimentas y escudos.
Enseguida memoricé la delantera del Real Madrid, Amancio, Pirri, Santillana, Velázquez y Aguilar, pero en realidad me atraían más sus vecinos rojiblancos, me encantaba esa camiseta y el juego de Luis Aragonés, Irureta, Gárate y Alberto. Mi abuelo Teodoro, me decía que nadie tiraba los penaltys como Luis "Luis lanza a un lado, y engaña siempre al portero, que se tira al lado contrario", me contaba entusiasmado, con un farias en la mano y una copa de fundador en la otra.
Otro equipo por el que sentía igual fascinación era la Unión Deportiva Las Palmas, con su equipación amarilla, su pantalón azul, al igual que la selección brasileña, y jugando casi como los cariocas, con un estilo lento, preciosista y bello, aquella equipación era tan vistosa como la del Celta de Vigo, camiseta celeste, pantalón blanco, y un escudo
hermosísimo, nada menos que la Cruz de
Santiago.Menos en cambio me atraía el Barcelona, demasiado oscura esa mezcla azulgrana, aunque me quedaba con la boca abierta con la elegancia del talentoso extremo Charlie Rexach y como lanzaba faltas, como centraba, como chutaba a puerta...
La puerta, la portería...más que los delanteros me fijé enseguida en los porteros.Ése era mi puesto favorito, ahí me gustaba colocarme, bajo los tres palos,( aunque mis cualidades no fueran para ése, y quizás para ningún otro).
No sé en que momento, pero en esos partidos de televisión me fijé en una figura alta, sobria, siempre y completamente de negro, a la usanza del soviético Lev Yashin, sólo roto por sus medias rojiblancas, y el dorsal número uno en fondo blanco. Aquella figura era José Ángel Iríbar, el guardameta del Athletic de Bilbao y la Selección Española, alguien que blocaba balones casi sin esfuerzo, sin estridencias; se colocaba como ningún otro portero en España, cubría toda el área, en el uno contra uno era inexpugnable, mandaba en el equipo, todos los rivales, todos los delanteros lo admiraban y lo respetaban...
Era conocido como El Chopo, y la grada de San Mamés lo veneraba, y a lo menor ocasión coreaba con alegría lo de "Iríbar es cojunudo, como Iríbar no hay ninguno".
Me fijé en su equipo, en el Athletic, en su equipación, igual que la del Atlético de Madrid, pero más bonita, porque combinaba la zamarra rojiblanca con un pantalón negro, más elegante que el azul, y me sentí atrapado por ese Estadio con nombre de santo, por la clase de Rojo I, la serenidad de Iñaki Sáez, la fortaleza de Guisasola...

Aquellas navidades, las navidades de 1972 yo ya sabía lo que quería para Reyes. En casa me advirtieron que si me portaba bien podía venir de Tudela, de mis abuelos, un balón de reglamento, y de parte paterna nada menos que la equipación del equipo que me gustara.

-¿Qué traje quieres, me preguntó mi padre, el del Real Madrid, el Atlético de Madrid, la Selección española?
-Bueno, no sé, ¡A mí me gusta Iríbar! respondí muy seguro.
-¡Pero Iríbar no es jugador de campo!, bueno ya veremos lo que los Reyes pueden hacer,
concluyó mi padre.

En esa noche de Reyes, como en todas, apenas pude dormir. No me atrevía ni a moverme siquiera, ni a respirar demasiado fuerte, temblando de oír o ver algo. Tras aquella madrugada que se me hizo casi eterna, seguimos la iniciática pista de caramelos,que Sus Majestades siempre dejaban en mi casa, que se detenía ante la puerta cerrada de la Salita.
Al abrirla descubrí, boquiabierto y entusiasmado un estupendo balón de cuero, de reglamento, que efectivamente había venido vía Tudela, un esferíco que (yo no lo sabía) era la réplica del balón de los Mundiales de Inglaterra 66.
Al fondo, puesto sobre un sillón, estaba el mayor regalo que haya recibido en toda mi vida: Una equipación completa, con medias vistosísimas, un calzón negro y una preciosa zamarra rojiblanca, con escudo incluido. En la espalda de esa camiseta y primorosamente cosido por unas manos maternas en skay negro, sobresalía el número uno de El Chopo, el número uno de José Ángel Iríbar...
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