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sábado, 9 de marzo de 2013

Semana de la Fantasía: Juventud y Mancias

En las últimas semanas he disfrutado de una serie televisiva, de la que desconocía su existencia y al descubrir por mero azar, adquirí de inmediato...estoy absolutamente maravillado. Se trata de Carnivàle, que en sólo dos temporadas (¡una verdadera lástima!) se hizo un hueco en esta edad de oro, en estos años o décadas prodigiosas de la mejor televisión. Pronto le dedicaré una entrada como merece, pero en realidad el asunto del día viene al hilo de los créditos de Carnivále...en ellos las cartas del tarot, los arcanos, menores y mayores se entremezclan en un collage fascinante, inquietante, mistérico...y claro, enseguida me retrotraje a mis años mozos, a mi dorada juventud...pónganse cómodos, y sigan leyendo, si les place.

                          

En el verano de 1984 me leyeron las cartas del tarot, por vez primera. Una amiga de mi hermana mayor, ayudada de la baraja de Marsella, me entregó el mazo, yo barajé...y a partir de ahí extrajo diez naipes, formando una cruz, cuatro más que las rodeaban en círculo, añadiendo una hilera vertical  a la izquierda...aquello me resultó fascinante, quedando prendado de inmediato por esos dibujos, esos símbolos, que podían anticipar, imaginar un futuro, relatar un pasado, discernir un presente...
No me lo pensé un momento, y enseguida adquirí un precioso tarot español, derivación del ya citado de Marsella, editado por Heraclio Fournier...acompañado de un pequeño folleto, que incluía cuatro pinceladas de lo símbolos y distintos métodos combinatorios para escrutar lo desconocido...pero aquello era insuficiente, necesitaba manuales, bibliografía para iniciar a los neófitos y es que aún poseyendo una correcta e incipiente biblioteca sobre lo mágico y misterioso, no tenía un sólo volumen dedicado a esa mancia...afortunadamente, en aquellos años existía una colección y una editorial, Realismo Fantastíco de Plaza & Janés, donde había de casi todo, ya fueran ovnis, alquimia, parapsicología o continentes perdidos...de esa manera el número 101 de la misma era nada menos que El Tarot, de Stuart R. Kaplan ¡justo lo que necesitaba! En ese librito de bolsillo venía todo muy bien explicado, los veintiún arcanos mayores, todos los menores e innumerables métodos adivinatorios. Enseguida me hice con el mío, que no era otro que el primero que experimenté en carnes propias semanas atrás...las diez cartas, la cruz, el círculo, la hilera vertical. Como quien no quiere la cosa, al hacer lecturas para amigos de forma casual, en alegres salidas nocturnas de juventud...percibí enseguida que aquello era un auténtico imán para las relaciones sociales, y muy especialmente para el sexo opuesto. Era sacar las cartas en algún sarao, fiesta o simplemente en la cafetería de la facultad, y organizarse un pequeño remolino, chicas que solícitas suplicaban una lectura, me pedían el teléfono para quedar en días posteriores y poder tener una sesión más sosegada...muy gratificante todo, la verdad. Por supuesto yo salía ya estudiado y leído de mi casa, relacionaba los arcanos, interpretaba la lectura, predecía... de forma digna, debo añadir. Pero eso no bastó para convencer al gran crítico que tuve que soportar en esos días, que no era otro que mi buen amigo Pepe Cahiers, que me espetaba de forma socarrona y casi admonitoria "a mí no me engañas, tú utilizas esas tonterías para ligar, y sacar de paso alguna cerveza gratis en los pubs"...como pueden comprobar, Cahiers en estado puro.

Cuando empezamos en clase a organizar lo que se llamaba entonces paso del ecuador, que no dejaba de ser un viaje de estudios, una de las fórmulas recaudatorias era la de instalar una barra en fiestas señaladas de la ciudad, ya fuera el día de San Cecilio, Carnavales...y claro, junto con las copas de rigor, bocadillos, tabaco y demás, una de las ofertas de la misma era nada menos que una lectura del tarot, al módico precio de veinte duros...aquello supuso un éxito descomunal, y es que había momentos que había más público interesado en mis dotes adivinatorias que en las viandas...particularmente divertidos fueron unos carnavales, los de 1988 creo, donde me instalé en la barra ataviado de túnica celeste y capirote merlinesco...o aquel día de San Cecilio donde tras la lectura de las diez cartas a un estrafalario ciudadano francés, superviviente tardío de mayo del 68, quien nos regaló una surrealista interpretación de Et maintenat... antes de caer sobre nuestro mostrador, con gran estrépito y monumental escándalo, todo hay que decir. 

En realidad yo siempre tenía mi baraja presta y dispuesta para acontecimientos prometedores, como cierta tarde de diciembre... poco después del puente de la Inmaculada y presintiendo que las clases se cortaban de forma inminente, lo cual significaba que el ambiente en la cafetería sería interesante...casi se me escapa un poco el asunto de las manos, ya que si no recuerdo mal, realizaría lecturas a casi treinta personas, aunque eso sí, el jolgorio valía la pena, con mayoritaria presencia femenina, y con alguna divertida beldad sentada en mis rodillas ¡ah, juventud, feliz y despreocupada!...

Todos esos divertimentos no eran óbice para que la razón de ser de todo aquello, las cartas, los arcanos del tarot me fascinaran por encima de todo...fui adquiriendo una notable colección de barajas desde el Madonni, de audaces dibujos, a mi mazo favorito, que no era otro que el Rider, unos naipes de estética muy de los tebeos de Harold Foster, y que por cierto, es el que utiliza Sophie en Carnivale, amén de innumerable bibliografía, de la que me quedo siempre con esa obra maestra de Alberto Cousté, El Tarot o la máquina de imaginar...incluso tuve algún discípulo interesado en que le revelara mis saberes (posiblemente por percibir que aquel arte mayor tenía unos efectos colaterales muy de reseñar),
provocando la chanza de Cahiers, quien decía que eso ya era el colmo de la charlatanería más palpable...pero fíjense, poco después, el bueno de Cahiers me sorprendió regalándome unas cartas...¡de propia creación!, y es que siendo nuestro amigo bloggero un creador de cómics, no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia, que todo aquello era más que fascinante...


¿Saben? hace ya años, lustros que no he vuelto a echar las cartas, ni tan siquiera para mí mismo...quizás como contraposición a aquella época tan endiabladamente divertida, tan deliciosamente frívola...haya aprendido a tener un reverencial respecto a esos símbolos, esa mancia... Sol, Luna, Torre, Mago, Rueda de la Fortuna... o tenebrosas espadas, en las que estoy convencido hay un saber, un conocimiento escondido que a veces nos advierte o simplemente nos supera...como bien sabe Sophie, prodigiosa heroína y avatar supremo de Carnivàle.
       

sábado, 20 de octubre de 2012

Días de catedrales

Fue en el verano de 2007, cuando mi hermana pequeña (conocida en estos mundos bloggeros como Capitán Araña, y que por aquél entonces vivía en Bratislava, perfeccionando su técnica musical), al venir de vacaciones, trajo en su equipaje un dvd, que causó todo una conmoción musical en la órbita familiar...la grabación era nada menos que el musical Notre-Dame de Paris, y que desde su estreno a fines de 1998, se convirtió en el gran suceso musical de esos años en el país galo...

Pues bien, lo curioso de todo aquello es que la persona que mostró mayor entusiasmo ante aquellas canciones...pues fue nada menos que mi sobrino que apenas tenía año y medio...la primera que se apercibió de aquello fue mi propia hermana, que me comentó, muy convencida, y con total aplomo...¡al niño le encanta Notre-Dame!
La verdad es que no hice el menor caso, y pensé que era una boutade, una exageración, una extravagancia propia de músicos, que son gentes peculiares... pero cierta día tuve que rendirme a la evidencia...mi sobrino estaba en su parque, mirando ensimismado, oyendo complacido las canciones de la representación...

A partir de ese día, cuando iba a verlo, lo sentaba conmigo y veíamos casi el primer acto entero...mi sobrino que es un rubiasco travieso, cariñoso y simpatiquísimo, se lo pasaba pipa con todas las canciones... incluso cuando entraba en escena nada menos que Patrick Fiori (que interpretaba al capitán Febo) gritaba alborozado, diciendo que era su papá...aquello era sin duda efecto de su amor filial, ya que mi cuñado, que posee otras grandes cualidades, ni canta, ni por supuesto le adorna ese porte apuesto...

Ya más tranquilamente, me hice como correspondía, con una copia exclusiva, para poder visionar el espectáculo de forma más apropiada (aunque menos divertida, debo admitirlo) y con el sonido que merecía...y aquello fue fabuloso...muy difícil encontrar un show semejante, sin ninguna canción de relleno, con una coreografía, una dirección artística soberbia, y unos interpretes prodigiosos.

Y es que Notre-Dame de Paris, adaptación musical de la obra de Victor Hugo, tiene una deliciosa musica de Richard Cocciante, a la que Luc Plamondon dotó de unas letras inspiradísimas...además el casting fue perfecto, impecable, nada menos que Bruno Pelletier interpretando al poeta Gringoire, Hélène Ségara a la bella Esmeralda , el citado Patrik Fiore, y por supuesto Garou en un inigualable Quasimodo o Daniel Lavoie adoptando al terrible y complejo Frollo...tras el descomunal éxito que siguió al estreno en el otoño de 1998, se sucedieron los premios y honores, y el tema principal de la obra, Belle, es elegida canción del año en Francia, y nominada entre las cien mejores del siglo XX.
A partir de ahí, se encadenan las versiones, destacando la inglesa, extraordinaria...pero también aterriza la franquicia en Italia, Rusia, Corea del Sur, Canadá, Bélgica...y España. Lamentablemente, la versión hispana es de un nivel modesto, pobre, por no decir paupérrimo...y queda a años luz del original francés. Una lastima.

Sin exagerar un ápice, les puedo asegurar que el Notre-Dame de París, es uno de los mejores musicales que se hayan compuesto nunca, al nivel de los más grandes de Broadway, pero con una magia y un lirismo estremecedor...pero, claro, en mi caso, es que siempre estarán unidas esas canciones, esos bailes...pues a esas tardes de verano, en las que disfrutaba del espectáculo con mi sobrino...días y ¡temps de cathédrales!


domingo, 4 de diciembre de 2011

Cinco años de Blog!

Hace unas semanas cumplía este blog, bitácoras personales como se llamaban en un primer momento, nada menos que cinco años, un lustro, de vigencia en la red, en la blogsfera, en este universo tan peculiar.

Cuando en el Otoño de 2006 empecé a pergeñar la idea de confeccionar este espacio, me propuse escribir una entrada cada mes; y así fue durante bastante tiempo, aunque la verdad es que el blog ha pasado por muchas fases...de más o menos creatividad o tiempos de barbecho...pero siempre teniendo como punto de mira, como leitmotiv, esos favorite things, esos territorios de confort, como bien los llama una buena amiga, y en los que uno disfruta, y se siente como pez en el agua.

Fútbol, cine y otras misceláneas...así rezaba el encabezamiento de este rincón...aunque enseguida mi buen amigo Cahiers me advertía que en mi blog se habla poco de cine...y es verdad, porque en realidad, el fútbol, Eurovisión, las andanzas familiares, (en las que casi nunca podía fallar Capitán Araña) y personales...pues se convirtieron en protagonistas, en señas de identidad, por encima del Séptimo Arte...que le vamos a hacer, amigo mío.

En este blog, como en tanto otros, hubo un hecho, un suceso fundamental, y no es otro que la irrupción de La Guarida del Eremita, el celebérrimo aporte de Pepe Cahiers...ese suceso me permitió conocer a un puñado de excelentes bloggeros, que por sinergia y simpatía se hicieron incondicionales de este espacio, y yo de los suyos....de este modo Borgo, Clementine, Marcos Callau, Layna, natsnoC (creo que lo he escrito bien), Jlin, A-B-C, Mr. Dupin...enriquecieron las entradas con sus agudos comentarios, y me permitieron conocer unos blogs de categoría, además de honrarme con su amistad.

Si tuviera que destacar algunas entradas de estos cinco años, me permitiría hace referencia al homenaje del equipo nacional de 1950, a ese España en Río...proyecto que iba a ser de un artículo, y que se prolongó durante siete entregas, y lo que me divirtió aquel In the sunny side of the street, aquella inolvidable noche de amor, humor, baile y el mejor jazz...y por supuesto agradecer a todos los que se pasan por aquí, dejen o no comentarios, y que espero seguir viendo y sintiendo en los próximos años, ya sean cinco, diez o los que Dios quiera...

domingo, 16 de octubre de 2011

Milady´s TV

En Septiembre de 2007, escribí en este blog una entrada, Milady(s), en la que hacía referencia a las actrices-personajes que me fascinaban por su especial belleza o encanto. Aquella entrada resulto especialmente divertida por las diatribas que en los comentarios realizó mi buen amigo Pepe Cahiers, que antes de dedicarse al noble arte de editar su propio blog tenía como máxima afición la chanza y escarnio de este espacio, lo que realizaba de forma ingeniosa y casi surrealista, desde luego.

En aquellos días, solía utilizar como diseño una forma clásica en exceso para las entradas, con una solo foto central...y pare usted de contar. La verdad es que para una galería, ya sea de bellezas, o de cualquier otro tipo esa fórmula es manifiestamente mejorable, pero nunca me he planteado modificar esos antiguos artículos e insertar más imágenes, para dar el realce que hubieran merecido esas beldades.

Pues nada, queridos lectores, cuatro años después, una nueva galería de bellezas, de actrices-personajes, en este caso del mundo de la televisión, que espero sean de su agrado, ¡y a ver que dice cuatro años después el amigo Cahiers...!


A mediados de los ochenta, una de las series más populares de la sobremesa, Hotel, contaba con esta espectacular morena, Connie Selleca, en el papel de Christine Francis, elegante, impecable con su traje sastre, y mano derecha del director del Saint Gregory, Peter McDemornt-James Brolin.
Su personaje, que irradiaba simpatía, sentido común, y un atractivo indudable, fue en realidad la principal causa que no quedara dormido siguiendo unas historias que no me interesaban en demasía, todo hay que decir...

Más  series de mediodía. Y es que hubo una época, con sólo dos cadenas de TV, que el impacto de esas producciones y su seguimiento era masivo.Y el impacto de sus protagonista femeninas... también tenía su aquél. Mis hermanas no entendían mi fascinación por Laura Holt-Stphanie Zimbalist, y me repetían que esa chica no tenía demasiado gusto vistiendo...lo cual me traía sin cuidado, quedando prendado del garbo con que lucía los sombreros esa intrépida detective, propietaria de la agencia de detectives Remington Steele...y jefa directa de Pierce Brosnan.



Esta chica es adorable. Roz Doyle-Peri Gelpin es la productora del gran Frasier Crane, victima de las chanzas y burlas tanto de su jefe como de Niles por su liberada vida sexual,pero Roz puede ser, es dura, tierna, ocurrente, enamoradiza visceral... y una mujer de bandera.


Y seguimos con la serie Frasier, para reseñar a la dulce, excéntrica y divertida Daphne Moon-Jane Leeves. Fisioterapeuta y asistenta de la familia Crane, es el eterno objeto del deseo, y sueño nada oculto de Niles...y no resulta nada extraño, la verdad, a mi me pasaría igual (y más si estuviera casado con Maris).



La serie V obtuvo un enorme éxito desde su estreno, y casi, casi, un fenómeno sociológico...y una causa no menor sería la jefa de los alienígenas, la pérfida Diana (Jane Badler), que en aquellos años nos parecía el súmmum de la voluptuosidad más extrema...recuerdo que un compañero de Facultad, a quién Pepe Cahiers apodó con notable éxito El Albóndiga, se mostraba entusiasmado cada lunes en clase, cantando con vehemencia las bondades naturales de tan real moza...¡y la verdad es que la unanimidad en el aula 18 era absoluta!

sábado, 4 de junio de 2011

Verdi prati

Hace unos días, mi hermana menor, también conocida como Capitán Araña en la blogsfera, tuvo un examen de canto, (no contenta con su virtuosismo en el violín, ahora también estudia canto) y me refería la melodía que eligió para su ejercicio.

-He cantado el Verdi prati de Handel, ¿lo conoces? -me informa de primera mano-.
-¿El Verdi prati? no lo he oído en mi vida -tuve que responderle con la sinceridad del ignorante- 


Verdi prati es una aria de la ópera Alcina, del genial compositor británico, basada en el Orlando furioso, que desarrolla en una trilogía junto con Ariodante y Orlando. Curiosamente, esas grandísimas obras fueron postergadas de los escenarios hasta el pasado siglo. De forma increíble, en España no llego a estrenarse hasta 1943, en Barcelona,  y en Alemania estuvo siglo y medio sin volver a los teatros.

Si toda Alcina es una maravilla, un deleite para los sentidos, su aria Verdi prati es la joya de la corona, la gema más preciosa de ese tesoro, sobre todo si se encuentran las versiones apropiadas. Posiblemente ninguna  como la de Susan Graham,  la mezzosoprano de Roswell, que la interpreta con una dulzura, una cadencia, unos matices inigualables.


Oyendo, disfrutando la grabación que me ofrecía Capitán Araña, comprendí que pudiera existir eso que llaman el Síndrome de Stendhal...pensaba como era posible, humano, hacer algo tan bello...algo que nos hace pensar en el punto omega, tan caro a Teilhard; algo que nos acerca a ser dioses; mejor dicho, algo que nos acerca a Dios...


  

sábado, 19 de marzo de 2011

Club de lectura

Cierto día del verano de 2009, recibí una inquietante  llamada telefónica que procedía de San Marcos, (San Marcos, la populosa calle de Motril, no confundir con la Plaza de San Marcos en Venecia); al otro lado del hilo me espetó mi hermana (cantante amateur y especialista en zaherir con garbo al Sr. Cahiers):

- Necesito que me consigas una peli. Si es posible, para este fín de semana.
- ¿De que película se trata?, le pregunté, ya con cierta curiosidad.
- Pues mira, creo que se llama Conociendo a Jane Austen, o algo así y bueno, no tiene mala pinta, parece interesante, a ver si la puedes conseguir...
- No hay problema, sentencié de forma segura.

Dicho y hecho; apenas tres días después ya tenía preparada una copia de muy buena calidad del filme en cuestión. Al probarla me  gustaron los créditos y secuencias iniciales, así que decidí prepararme otro dvd para mi solito.


Conociendo a Jane Austen (Robin Swicord, 2007), no es una obra maestra, ni tan siquiera una gran película. Pero sí es una obra entretenida, con personajes muy cálidos, y que versa sobre algo fabuloso, y es como los libros, la literatura, pueden cambiar la vida de la gente. Yo a eso le llamo los Favourite things, todos los intangibles artísticos que nos salvan la vida, ya sean películas maravillosas, episodios de Expediente X o Frasier, canciones entonadas con gracia y técnica por mis amigas May o Celia Mur, o prodigiosos goles de cabeza firmados por Fernando Llorente.   
Lo importante de la visión de esa película fueron los efectos colaterales que trajo consigo en pocas, pocas jornadas.
De nuevo otra inquietante llamada telefónica, procedente del mismo San Marcos motrileño:

- Mira, ¿qué te parece si hacemos como en la peli y organizamos un club de lectura?
- ¡Espléndido! (a mí siempre me han entusiasmado ese tipo de saraos) ¿Cómo lo preparamos?
- Muy fácil, me respondió. Seremos unos cuantos, tus hermanas, tu santa madre, las dos primas y nuestra tía ¿Que te parece? tu cuñado se queda cuidando a tu sobrino, y los primos consortes a sus niños. Un plan perfecto. 

Sí que tenía buena pinta, así que organizamos una reunión preliminar y organizativa en la casa de nuestra madre. Era el marco idóneo para el evento; una amplia mansión con clásica arquitectura del sur y una zona exterior que es lo mejor de todo, con un patio andaluz coronado con vistosas columnas, soportadas en arcos de medio punto y herradura, y un jardín donde con aires machadianos madura el limonero; pero como no hablo de Sevilla, sino de un enclave singular en toda Europa, también pueden madurar sin ninguna inquietud la guayava, el aguacate, el chirimoyo y la caña de azúcar; y en el jardín que nos ocupa son plátanos los que ofrecen grandes hojas que dan sombra, como si fuera La India o La Martinica, y unos frutos deliciosos, inencontrables en cualquier sitio.
En ese jardín disfruta y juega mi sobrino (como hacía yo a su edad), regando plantas y a cualquier familiar cercano que se ponga a su alcance.
Justo al lado había una alberca, que la modernidad y progreso ha convertido en piscina.Siendo alberca, en ella aprendí a nadar con 6-7 años, y es que hasta el nombre antiguo tenía más encanto...

En ese patio, a una hora prudencial como es las ocho de la tarde, tuvo efecto la reunión preliminar, con todos los miembros del club sentados ante una amplia mesa, con variados y riquísimos aperitivos, limonada fresquísima (mi hermana, la violinista, hace la mejor limonada del mundo; no sé si aprendió ese secreto en los años de Bratislava o durante sus veranos en Bath, de cualquier modo rogaría que luego se pase por los comentarios y nos aclare el misterio)
y siempre cerca esa maravilla que es la cerveza Alhambra, ya sea en su quinto de toda la vida, o en sus variedades Especial o 1925.
Lo primero a decidir era el género y el libro en cuestión, algo fundamental para cualquier club de lectura que se precie. Ya antes de la reunión fui severamente amonestado, con carácter preventivo:
- No pretenderás obligar a la gente a leer algunos de los ensayos que tanto te gustan, tipo Mircea Eliade, René Guénon o algún tratado de alquimia. Me reprendió cualquiera de mis hermanas...

Se pensó en buscar algún texto no muy extenso, para que todo el mundo tuviera tiempo, y entonces apareció la feliz idea de empezar por el teatro; y enseguida estuvimos todos de acuerdo: Si íbamos a empezar por el teatro, ya sabíamos lo que íbamos a leer. 
La Vida es Sueño es una obra que siempre me ha fascinado, desde que la leí siendo un chico de COU en el curso 83-84 (año memorable, el Athletic ganó Liga y Copa, con aquella delantera de ensueño, formada por Dani, Sarabia y Argote).
Pero esa lectura fue la mejor que recuerdo. Mientras iba devorando, entusiasmado los versos de Calderón de la Barca, no hacía sino preguntarme como es posible escribir de esa manera, de esa forma tan sobrenatural,  como se puede escribir tan bien...

¿Qué haré? ¿Más para que estudio
lo que haré, si es evidente
que por más que lo prevenga,
que lo estudie y que lo piense,
en llegando la ocasión
ha de hacer lo que quisiera
el dolor? Porque ninguno 
imperio en sus penas tiene.
Y pues a determinar
lo que ha de hacer no se atreve
el alma, llegue el dolor
hoy a su termino llegue
la pena a su extremo, y salga
de dudas y pareceres
de una vez; pero hasta entonces
¡valedme, cielos, valedme!

Cada vez que leo La vida es sueño me enamoro de Rosaura. ¡Qué mujer!, que determinación, que arrojo, que gallardía, que inteligencia, que encanto...yo quiero una Rosaura para mí...

Aquella reunión del club de lectura, con Calderón de protagonista fue todo un lujo; de nuevo instalados en ese patio, con manjares y delicias, la mejor limonada del mundo y esa cerveza de 1925...y lluvia de ideas sobre la lectura, todos entusiasmados sobre esa maravilla, la mejor obra de teatro de todos los tiempos...
- Hay que ver como es Segismundo, como el pobre no puede controlarse y tira gente por la ventana (ha sufrido mucho el pobre); que hay que ver que papel tan digno y avanzado de las mujeres de la obra; que hay que ver la profundidad filosófica...si hasta ha inspirado el cine de ciencia ficción de los noventa (Desafío total de Paul Verhoeven, ¿no lo recuerdan?).

Dado el éxito, que sorprendió a los organizadores, ya al final de la reunión, decidimos que había que preparar una segunda entrega del club de lectura. Y claro, tras el teatro, le llegaba el turno a la novela. Había que elegir una que se ajustara a ciertos márgenes, así que Guerra y Paz o La Regenta quedaban descartadas.
Yo propuse, que como el club había nacido gracias a Jane Austen, que sus lectoras propusieran alguna de sus obras.
- No es mala idea, pero mira, se me ocurre algo mejor, dijo mi hermana (la cantante de San Marcos):Eugénie Grandet.
- Huy, Balzac es estupendo, tiene mucha, mucha miga, apoyó una de mis primas.
- ¿Está bien esa novela? pregunté.
-Te va a encantar, me respondieron las dos al unísono.

Dado que sólo un tercio de los componentes del club tenía ejemplares del libro en cuestión, me fue encargada la misión de suministrar todos los Balzac al resto de la cuadrilla. Nada difícil; gracias a ese genial invento llamado Iberlibro, en apenas setenta y dos horas ya todos tenían sus novelas, y además a precios de ganga. Yo elegí para mí una edición del diario El Mundo, en su momento parte de una colección de cien novelas, en tapa dura y muy bien traducida, me aseguraban.


Ese miércoles de Agosto, era y debía ser en apariencia un día normal de verano. Tras mi jornada laboral (más reducida, como corresponde a esa estación), me dirigí a casa de mi madre para almorzar. Tras una fresca y variada comida, tomé esa beatífica y reparadora siesta de no más de hora y cuarto, para dirigirme a la piscina y quedar tonificado tras una zambullida ideal.
Me aposenté en la hamaca, puse el móvil en silencio, para evitar llamadas inoportunas y saltándome el prólogo, inicié la lectura.

En ciertas ciudades de provincia hay casas que,
al contemplarlas, inspiran una melancolía igual a
la que provocan los claustros más sombríos, las landas más yermas o las más tristes ruinas. Acaso sea porque en estas casas se encuentran a la vez el silencio de los claustros, la aridez de las landas y la desnudez de las ruinas...

Yo entonces no lo sabía, pero estaba  empezando a leer la novela más fabulosa, el libro mejor escrito, la narración más increíblemente bella que nunca haya caído en mis manos...

miércoles, 9 de marzo de 2011

A barca da fantasia

Hace unos meses recibí un correo, en el que mi hermana, (la que bailaba tan primorosamente On the sunny side of the street) me adjuntaba la estupenda canción del grupo irlandés Clannad; Harry´s game, que durante años y años sirvió de sintonía e introducción al programa Diálogos Tres, de Ramón Trecet. Me comentaba como esa música tan dulce, suave y balanceante, invitaba a cierto sopor, cierta morriña, y de ahí a la siesta sólo había un paso y más aún, siendo la hora de emisión del programa de tres a cuatro de la tarde...

En los felices años 90, yo vivía con mis hermana
s (a la usanza de los Schlegel de Howards End) en aquel enclave paradisiaco que era el piso de la Avenida de Italia, aderezado con las inestimables visitas que solía realizar el Sr. Cahiers para ver el fútbol y autoinvitarse a cenar.
Todos los días, tras el almuerzo, y ant
es de que volviéramos a nuestros quehaceres, escuchábamos el mencionado programa en Radio 3, que estaba especializado no sé si eran Nuevas Músicas, New Age, World Music, o como demonios se llamara eso. Sólo sabía, sabíamos que eran músicas hipnóticas, melodías suaves, deliciosas, aunque a veces nos sorprendían y nos despertaban de forma brusca con ritmos más aguerridos, que solían venir casi siempre del norte, de las orgullosas tierras de Finlandia y Suecia.

Gracias a ese programa descubrimos una variedad de grupos, músicos y músicas que nos eran desconocidos hasta entonces; los tonos atlánticos y melancólicos de Madredeus; los fados de Dulce Pontes, la grandísima y única sucesora de Amalia; las festivas danzas celtas con Phil Cunninghan o Chieftains; la presencia omnipresente de la reina de la World Music que era Enya; la pianista, arpista y extraordinaria cantante que era, es Loreena McKennit; las alegres valquirias que respondían al nombre de Varttinna; los suecos de Hednigarna con sus ritmos atávicos y poderosos...

Pero de todos esos músicos y músicas, nuestros favoritos eran sin duda los Madredeus, una joven formación portuguesa, que había revolucionado la música tradicional en el país vecino, que dejando a un lado el fado, ofrecían una música de una dignidad y belleza sobrecogedora, con sus guitarras, su chelo, su acordeón, teclados..y la extraordinaria voz de Teresa Salgueiro, que era el truco, el factor diferencial, porque era pensar en Madredeus, y era ver y oír cantar a Teresa.
Había una c
anción de esos jóvenes portugueses, O pastor, que en casa llamábamos A barca da fantasía, porque entonaban esas sonoras palabras en el estribillo, que yo no me cansaba de oír. Me parecía lo más hermoso que pudiera cantarse:

Ao largo ainda arde
a barca da fantasia
e o meu sonho acaba tarde
deixa a alma de vigia
Ao largo ainda arde
a barca da fantasia
e o meu sonho acaba tarde
acordar é que eu não queria
.


Se pueden imaginar, cuando cierta tarde de enero de 1995, al escuchar el programa, Ramón Trecet comentó que Madredeus iba a realizar una gira por toda España, y que en Febrero, entre otras ciudades, actuaría en Granada.
Así, el primer día que podían adquirirse los tickets, acudí presto al mítico quiosco de Acera del Casino, para hacerme con ese preciado tesoro, el pasaporte, el salvoconducto, para disfrutar de nuestros admirados portugueses.

Y al fin llegó ese viernes de febrero, en el que acudimos al Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada, donde más de ochocientas personas llenaban el Auditorio Federico García Lorca, y pudimos ser testigos, tener la dicha de disfrutar de un concierto memorable, en el que desgranaron los tres discos publicados hasta entonces, sonando mejor que en ellos, y la voz y la presencia de Teresa lo llenaba, lo ocupaba, lo inundaba todo.
Entonces me di cuenta que no eramos los únicos que tenían como canción preferente O pastor (A barca da fantasía siempre para nosotros), sino que cuando terminaron con esa increíble tema la primera parte del concierto, el público no se pudo conte
ner, y puestos en pie (y el que escribe con los ojos abrasados) ovacionaron durante más de dos minutos la que era la canción de esa noche, de ese invierno, de ese año, porque no concebía que pudiera cantarse algo más hermoso.

Al terminar el recital propuse acercarnos a la salida de los camerinos, para poder saludar y conocer personalmente a aquellos músicos que nos habían hecho tan felices; dicho y hecho nos dirigimos al sitio apropiado
, y la verdad, no hubo que esperar demasiado, apenas veinte minutos, y solo estaríamos unas doce personas esperando para cumplimentarlos. Dado que casi todos los fans eran féminas, y se fueron de inmediato hacia los galanes lisboetas, no tuve el menor problema para dirigirme directamente a donde estaba Teresa Salgueiro.

Y ahí estaba, bellísima, con un aura de bondad y dulzura, parecía una princesa de fábula, una ondina del Tajo, una heroína de Dumas.

Lo normal en ese trance hubiera sido acercarme, saludarla, darle un par de besos y que me hubiera firmado la entrada sin más. Pero claro, uno estaba en cierto rapto místico, y sin saber ni como ni porqué, le tomé la mano y ceremoniosa
mente incliné la cabeza, mostrándole todo mi respeto, como haría un chamberlain ante su reina, un caballero de Camelot ante Lady Ginebra o cualquier mortal ante Arwen...

Teresa, no sé si sorprendida o divertida, me respondió con una media sonrisa encantadora, repitiendo ceremoniosamente el mismo saludo que le había ofrecido; yo se lo volví a entregar, ella volvió a repetir la misma salutación...y así estuvimos durante largos y surrealistas segundos, hasta que se estabilizó la situación (cualquiera que pasara por ahí, pensaría que estábamos en pleno ensayo de alguna escena de Cuentos de Tokio o Sayonara).

Tras aquello volvimos a la fría noche granadina de Febrero, yo, se pueden imaginar, en las nubes ( Fly me to the moon, que diría Sinatra) o mejor aún, embarcado en a barca da fantasía, mientras detrás de mí resonaban las risas de quienes comentaban la extraña forma de saludar que teníamos algunos...



viernes, 4 de marzo de 2011

Los Mapas del Misterio


Hace unos días,al devolver la visita que la bloggera Sybila Laina había tenido la deferencia de realizar a los dominios del Tirador, me encontré con una muy interesante entrada, (sensible y con buen gusto, como todo su blog) en la que hacía referencia la pasión que sentía por los mapas y lo fascinantes que siempre le habían parecido. Le dejé un comentario, en el que le refería que a mí me pasaba igual, especialmente por los antiguos, misteriosos y desestabilizantes que podían resultar algunas mapas, (el Sr. Cahiers ya estará sonriendo irónico, sabiendo por donde voy).

Porque de eso les voy a hablar hoy. De unos antiguos mapas que ponen en solfa la Historia tal y como la conocemos, que inducen a incertidumbres extremas y nos plantean revoluciones inimaginables. Pónganse cómodos, por que les voy a hablar, nada más y nada menos de la historia de unos mapas que no debieran existir, que no deberían ser posibles: los Mapas de Piri Reis.

En 1929, mientras se procedía al inventario y catalogación de los fondos del Museo Topkapi en Estambul, aparecieron fragmentos de dos mapamundis que se creían perdidos para siempre; los mapas del célebre Almirante turco Piri Reis (1465-1554), héroe del Imperio Otomano, y que aparte de sus gestas de guerra, era un humanista, un estudioso de la naturaleza y la astronomía que legó sus conocimientos en la monumental obra Bahriye, un fabuloso compendio de mapas, puertos y toda la navegación en general.
En la introducción al Bahriye, expone que para confeccionar los mapamundis, consultó todos los que conocía , algunos muy, muy antiguos, anteriores al esplendor de Alejandro Magno (?). Igualmente afirma que poseía copia de otro confeccionado por el propio Cristóbal Colón, y que había llegado a
su poder gracias a la captura de un navío español cerca de las costas de Valencia.
En el capítulo que Reis dedica a la Mar Occidental (el Océano Atlántico), habla extensamente de la genésis colombina. Afirma que a manos del presunto genovés llegaron mapas, manuscritos y documentación que le permitieron realizar su gran gesta y así mismo afirma "Cuando los españoles llegaron a cierta isla que estaba habitada les dieron baratijas y abalorios, pues Colombo había leído en sus libros que a aquellas gentes les gustaban las baratijas" (?)
Ya antes de analizar los mapas sorprende sobremanera algunos aspectos que señala el Almirante en su prólogo. ¿Qué extraños y antiguos mapas son esos que de existir sólo podrían haber estado en la Biblioteca de Alejandría? ¿Qué clase de in
formación y por quién le fue revelada a Colón, que desde luego explica la obsesión del navegante por vender su proyecto ya fuera a Portugal, España, Francia o cualquier potencia de la época?

Los dos mapas que referimos, los descubiertos en 1929 en Topkapi, son de una belleza extraordinaria, primorosamente dibujados en piel de gacela y en la parte americana muestran la costa oriental del continente, así como ríos, cordilleras y animales de la región como la alpaca y la vicuña, otro dato enormente curioso, ya que en 1513 el conocimiento de esos animales era prácticamente inexistente.

Y en 1953 ocurrió lo extraordinario. Arlington H. Mallery, uno de los mayores expertos en cartografí
a antigua, ingeniero jefe de la Oficina Hidrográfica de la Marina de los Estados Unidos, recibió una copia de los mapas de un oficial de la Marina turca (aliado de la NATO) sabedor de su afición desmedida por los mapas, cuanto mas antiguos mejor.
Nada más verlos, Mallery quedó asombrado de lo que tenía ante sus ojos; reunió un equipo de cartógrafos del ejército y técnicos polares y las conclusiones a las que llegó fueron sorprendentes: las latitudes del mapa eran de una modernidad y exactitud asombrosa, pero además Mallery estaba convencido que el contorno del extremo sur del mapa era en realidad...las costas de la Antártida antes de la glaciación de los polos
...
El ingeniero no tuvo el meno
r problema en defender sus conclusiones en un célebre seminario celebrado en la Universidad de Georgetown, donde tuvo como aliado de sus tesis a uno de los máximos especialistas en el Polo Sur, el sísmologo R. P. Lineham, del Observatorio Astronómico de Boston, quien como hombre de fe, podía enfrentarse a la comunidad científica con todo aplomo, si hacía falta.
Las conclusiones finales de Arligton Mallery
fueron escandalosas, especialmente cuando afirmó audazmente "No comprendo, no comprendemos como pudieron confeccionarse esos mapas sin ayuda de la aviación . Además, las longitudes son exactas, cosa que me parece desconcertante en un mapa tan antiguo"...



En 1992 se celebra en Sevilla la famosa Exposición Universal, y el que escribe, más sus hermanas y algún allegado (no Pepe Cahiers que argumentó a última hora alguna excusa poco creíble) nos dirigimos a la Isla de la Cartuja, para pasar un día en ese parque temático, que para mí tenía un enorme atractivo: visitar el Pabellón de Turquía, era el objetivo prioritario y para mí único, ya que es
taba convencido que los otomanos habrían preparado algo especial en honor del Almirante y sus mapas.
Dicho y hecho, arrastré a toda la comitiva al Pabellón deseado, y que además no era de los más concurridos. Se pueden imaginar mi decepción cuando tras estar un buen rato, debía rendirme a la evidencia de que allí no había ni rastro de mapas, ni de Piri Reis, ni de las tesis sugerentes de Mallery, nada, sólo las chanzas de algunos de los acompañantes que preguntaban entre molestos y guasones, que donde estaban esos famosos mapas "que ponían la historia patas arriba"
.
Tras llevar más de una hora en el enclave turco, ya me fue imposible contener el amotinamiento de amigos y parientes, y notablemente molesto con el gobierno turco, l
a organización sevillana y la concurrencia, salimos a la amplia explanada que servía de entrada y salida al recinto. Y entonces al mirar al suelo, descubrí algo maravilloso: el piso, formado por unos lujosos mosaicos era una exacta representación, artísticamente esmaltada...del mapa de Piris Reis; ahí estaban aquellas líneas, aquellos contornos que cambiaron para siempre la vida de Mallery, aquél que defendió lo que suponía un tabú innegociable para la historiografía.
Y al ver los
mapas, que siempre habían estado a nuestro alcance, pero que habíamos sido incapaces de verlos, pensé que no dejaba de ser una hermosa metáfora, una bella imagen de que seguían "ondeando banderas al viento en las arenas del sueño". Y que tal como aprendí, al leer con dieciocho años El Retorno de los Brujos, la Historia seguía abierta...
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