martes, 8 de diciembre de 2009

Un director denostado, una película maldita



Hace unos días tuve la ocasión de disfrutar de la última fantasía de Roland Emmerich, 2012, una excelente muestra del cine entretenimiento, sazonada con una producción impecable, un derroche de millones en efectos especiales, pero también un guión bien pergeñado y unos actores con oficio (impagable Woody Harrelson en su papel de hippie conspiranoico, inspirado en el Max Fenning de los Expedientes X), en suma una buena oportunidad para pasar un buen rato en el cine.

Esta opinión tan simple y creo que atinada es muy difícil que se pueda leer en cualquier medio, especializado o no. Es evidente, 2012 no es el Amanecer de Murnau, ni los Cuentos de Mizoguchi, ni tan siquiera El planeta de los simios de Schaffner...ni creo que lo pretenda, pero tampoco abundan filmes como los citados en la cartelera.
Da igual, Emmerich tiene el extraño privilegio de ser el cineasta de éxito más vilipendiado de la historia del cine y todo ello, aunque arrastre toda su filmografía, es debido a una sola película, a una sola obra, que todavía provoca alaridos hostiles cuando se menciona.


En 1996 se estrenó Independence day, el auténtico suceso cinematográfico de ese año. El éxito fue arrollador,recaudando 800 millones de dolares en todo el mundo, y consiguiendo el oscar a los mejores efectos especiales.
Y también consiguió las críticas más devastadoras que uno recuerda, (descerebrada, fascista,aburrida, patriotera, son algunos de los epítetos que todavía recuerdo a vuela pluma) generando un sentimiento casi unánime en los medi
os. Incluso los estudiosos del fenómeno ovni mostraron su malestar ante el producto, como si fuera la primera vez que se mostrara en el cine una invasión alienígena, o vaya usted a saber por qué...
Creo que ese rechazo de las élites tiene una causa muy definida, el papel del presidente Whitmore, que en plena crisis planetaria hace honor a su condición de comandante en jefe del ejercito norteaméricano, (algo perfectamente ensamblado en el guión, ya que el mandatario es un héroe de guerra, no un burócrata lo cual si hubiera sido irrisible), y no duda en pilotar un caza en tan excepcional coyuntura.
A partir de ahí, cualquier crítica que se precie debe mostrar mofa o irritación ante esa escena, despachando el resto del film con alguna ocurrencia...

Incluso cuando se estrenó El día
de mañana, otra película no desdeñable, quedaban rescoldos de ese odio atávico al bueno de Roland, como demuestran las lindezas que le dedicaron algunas plumas de prestigio (la de Dirigido por... sigue siendo antológica, con expresiones que casi rozaban el delito de injurias).

En fin, el tiempo pone las cosas en su sitio y ha tenido que ser alguien que sabe lo que es el cine de ciencia-ficción como Steven Spielberg, quien haya tenido que romper una lanza por Independence day, añadiendo que esa cinta le obligó a modificar su última entrega de Indiana Jones ya que se veía incapaz de logra una invasión alienígena tan lograda como la de Emmerich.
Y es que hay momentos que el alemán se asemeja al mejor Spielberg de sus primeros años, con esa mixtura acción/humor y esos homenajes a la más estimulante Serie B de los años cincuenta.


(Sin olvidar un último y poco comentado efecto colateral. Y es que sin proponérselo el estreno de Independence day alumbró el nacimiento del personaje de Pepe Cahiers, quien ya en su primera viñeta realiza toda una declaración de intenciones del ambiente generado por el film...
)

sábado, 13 de junio de 2009

El Precio del poder (y la gloria)


El pasado martes se confirmó la gran noticia futbolística de este verano, el traspaso del as portugués Cristiano Ronaldo, del Manchester United al Real Madrid, por la módica cifra de 94 millones de euros. La polvareda generada por el suceso transcendió los márgenes del planeta fútbol, entusiasmando a propios y escandalizando a extraños a partes casi iguales.

A poco que se analice se disipan las dudas sobre las bondades del fichaje para la liga española y todo lo que la rodea. Medios de comunicación, prensa escrita, programas de radio, Internet, han visto como un nuevo maná caía del cielo, las tiradas se multiplicaban en estos días, las audiencias se doblaban, y muchos cuentan los días que restan para el inicio de la próxima temporada. El Real Madrid llenará los campos deportivos, los pinchazos del ppv revitalizaran el negocio del fútbol televisado justo cuando más lo necesitaba, y por efecto sinérgico todo el gran circo del fútbol se verá beneficiado. Por no hablar de cuando los dos colosos, Real y Barcelona midan sus fuerzas, como mínimo dos veces, y todo el orbe contemple el espectáculo.

Otra historia es la prestación deportiva que el Real Madrid ofrezca el próximo curso, tras la culminación de su proyecto 2010, con Kaká, el ínclito Ronaldo, y las figuras que restan para liquidar los 250 millones de euros que su redivivo mesías ha prometido invertir. Nadie puede dudar del talento de su presidente para los negocios, pero el fútbol es un negocio extraño, donde alguien como Lorenzo Sanz puede presumir de haber logrado más triunfos deportivos que Florentino Pérez. ¿No lo recuerdan? de 1997 a 2000, el Real del señor Sanz logró dos Copas de Europa y una liga, fichando con muy buen tino y buen precio, mientras que en la etapa galáctica cayó una Copa de Europa y dos ligas ¡en seis años!, con tres temporadas finales en las que los blancos no obtuvieron ningún triunfo relevante, mientras paseaban por los terrenos a estrellas como Figo, Zidane, Beckhan, Ronaldo (otro Ronaldo), Robinho, etc.

Precisamente de esa época data la ultima victoria del Athletic de Bilbao en el Bernabéu, que en 2005 volvió a recrear el mito de los once aldeanos al imponerse por 0-2 a una maquinaria más pesada que La Invencible en el Mar del Norte; pero los avatares del balompié hicieron que un año después de la gesta rojiblanca los leones rozaran la segunda división, salvados in extremis por un espigado mozalbete de 1,95 y un par de filigranas a la usanza de Garrincha para que Fran Yeste finiquitara los problemas. Mientras San Mamés festejaba el tanto, Yeste se abrazaba a Llorente, llorando como un niño, y obsequiándole con un fraternal beso.
Y es que si hay una antítesis del modelo Real Madrid-Florentino Pérez ése es el del Athletic Club de Bilbao y sus once aldeanos, un sentimiento que no está en almoneda, que mima a su cantera como único tesoro, mientras otros sólo la utilizan como triste divisa de cambio, valores que fueran santo y seña de generaciones y hoy perdidos, quizás para siempre, de los aledaños de Concha Espina...





domingo, 13 de julio de 2008

La venganza de Luis


En mayo de 1974, con apenas ocho años, tuve la fortuna de ver (por tv, claro) uno de los mejores partidos de fútbol que recuerdo, la final de la copa de Europa que enfrentó al Bayern de Munich y al Atlético de Madrid.
Los colchoneros tenía por aquellas fechas un equipo de ensueño y ponían contra las cuerdas a merengues y azulgranas en la hegemonía del fútbol hispano con casi contundente facilidad.Los Gárate, Ayala, Adelardo, Reina, Irureta o Luis, practicaban un fútbol de toque, pero al mismo tiempo tenían un contragolpe demoledor, que resultaba definitivo en no pocas ocasiones.
Aquella final de Bruselas iba ya por la prórroga, con 0-0 y un Atlético que se le estaba subiendo a las barbas a los germanos, cuando el minuto 114 se produjo una falta al borde del área, bastante esquinada a la derecha de Maier.El lanzamiento de Luis fue de tal maestría que nada más golpear el balón levantó el brazo celebrando el tanto.El portero alemán apenas pudo seguir el cuero con gesto de asombro.
En los cinco minutos que quedaban el Bayern era incapaz de crear ocasión alguna y el triunfo rojiblanco parecía incontestable, recuerdo al locutor de TVE (no sé si Matías Prats o José Félix Pons) gritar alborozado "¡Por séptima vez la copa de Europa!",tate, fue decir eso, faltando veinte segundos para el final, cuando Schwarzenberger, el rocoso central muniqués lanzó un pepinazo desde treinta metros que se coló ajustado al palo de la meta de Miguel Reina.Como entonces no había lanzamientos de penaltys, nuevo partido 48 horas después, con un Atlético desmoralizado, un árbitro germanófilo, y un Bayern rejuvenecido que endosó cuatro chicharros a un equipo que pasó en segundos de ser campeón de Europa a autoproclamarse como el "Pupas" del fútbol español...


El fatum, los hados, o el destino han querido que treinta y cuatro años después, el principal protagonista de esa final, Luis Aragonés haya podido conseguir la Copa de Europa, no con su Atlético, y no contra el Bayern, pero sí con la Selección y contra los alemanes de siempre.
Y eso que hace dos años el panorama del fútbol patrio era desolador, oscuro e incierto como el reinado de Witiza, tras el mediocre paso por el Mundial 2006, y una fase previa de la Eurocopa que se iniciaba con sendas derrotas en Belfast y Estocolmo.Para esas fechas Luis ya había tomado una decisión de enorme trascendencia, y que marcaría el devenir del equipo: Prescindir del capitán de la Selección y del Real Madrid, el jugador más importante de los últimos diez años en España, Raúl González.
En realidad nada distinto a decisiones similares que no tomaran en su tiempo Ladislao Kubala con Pirri, Miguel Muñoz con Juanito, o Javier Clemente con Michel.El revuelo mediático fue de dimensiones homéricas (que diría Barry Fitgerald en El hombre tranquilo), con toda la prensa merengue avivando la polémica durante meses y la afición dividida pero enormemente activo el sector raulista.
Pero sin embargo, paulatinamente, el equipo fue superando un matchball tras otro, y a duras penas al principio, y de forma brillante al final, clasificarse para la Eurocopa 2008.
Nada fuera de lo corriente y nada especial, España estaría ese mes de junio en Viena, y nadie esperaba grandes gestas de ese equipo.De hecho se hablaba más de la posible vuelta de Raúl, (con una esperpéntica rueda de prensa conjunta con el mister, que no podía aclarar nada) e incluso se le exigía desde los mismos sectores la presencia de Guti en la convocatoria, en una polémica más interesada que otra cosa.

Pero sorprendentemente, ya en plena competición, el combinado nacional encadena una victoria tras otra, amén de ofrecer un juego vistoso y práctico, que dosificaba un toque de balón casi a la sudamericana, con ráfagas de rapidez y enorme acierto en ambas áreas, algo que se parecía, sorprendentemente, a aquel Atlético de 1974, al que también llamaban el "Atletico de Buenos Aires", que combinaba de forma maestra el gambeteo rioplatense con un contragolpe espectacular, algo que siempre ha caracterizado a los equipos de Luis.

Y al igual que ese Atlético, España jugaría la final de la Copa de Europa, y tendría enfrente a la eterna selección alemana, que da igual que sea mejor o peor equipo que hace 20-30-40 años, siempre da igual, siempre son los mismos.Y al igual que en 1974 el equipo de Luis dio un recital de fútbol, fue mejor que el rival, y a falta de segundos tenía el partido ganado...
Pero al contrario de 1974, ya no estaba Schwarzenberger, y ningún alemán fue su avatar esa noche, sólo estaba Beckenbauer en el palco, y ningún otro bávaro pudo robar la historia desde treinta metros.

Por eso cuando Iker Casillas (¡gran portero y mejor capitán!) levantaba el trofeo, y un país entero se frotaba los ojos ante lo que había vivido en apenas veinte días, yo no pude dejar de acordarme de ese golpe franco lanzado de forma magistral hace treinta y cuatro años en Bruselas, un golpe franco que debío valer entonces una Copa de Europa, y como el destino, de forma sorprendente y con pícara justicia, le había devuelto esa Copa de Europa a su lanzador, de la mejor forma posible...
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