Preparando nuevas entradas, que versaran desde el fabuloso cine japonés de los años 50, apologías eurovisivas, loas a los Expedientes X de mis admirados Mulder y Scully..., me encuentro en la red, en esa vasto y fabuloso mundo que es el Youtube, una versión del clásico La vie en rose, de la inmortal Edith Piaf, a cargo de la hispano-hondureña Eva Cortés, que para el que escribe es, junto a mis queridas amigas May y Celia Mur, la mejor voz femenina de jazz de nuestra piel de toro.
Porque díganme, seguidores, deudos, parientes, "amigos y enemigos" que diría Cary Grant en Historias de Filadelfia; dígame Sr. Cahiers; dígame, amigo Marcos Callau; dígame amiga Clementine...
¿Han oído ustedes alguna vez una versión más deliciosamente encantadora de este chispeante, tierno, emotivo, de este prodigioso standard?
A tres meses vistas del ESC a celebrar en Dusserldoff, la gran noticia de este año es la vuelta de Italia, la Italia de voces galantes, grandes arreglos, sorpresas deliciosas, baladas enternecedoras y féminas de garra.
Italia fue una de las fundadoras de la UER y como tal estuvo en todas las ediciones de la Edad de Oro eurovisiva, desde 1958 a finales de los 70. En aquellos años competían con lo más granado de su panorama musical, nada menos que los héroes de San Remo, que se batían de forma admirable al poderosísimo lobby francófono, a los colosos anglosajones, a la siempre ambiciosa representación hispana...Un día, a finales de los 90, la RAI decidió que esas justas no le merecía la pena, que los resultados no compensaban tanto esfuerzo, y decidieron enrocarse en un espléndido aislamiento, felices en sus propios prados y celebrando sus certámenes locales.
Ahora, en plena Edad de Plata eurovisiva, cuando el epicentro de poder se ha desplazado, y son los Balcanes, los Cárpatos, el Danubio, el Volga, el Rhin y los pueblos del norte los núcleos de un ESC rejuvenecido y redivivo, vuelven los transalpinos.Vuelven los azzurri, y quienes disfrutamos de este Certamen y su historia, saludamos gozosos ese retorno; así que nada mejor que regalar cuatro maravillas eurovisivas de aquellos días felices y gloriosos.
Nada menos que una sesión doble con Gigliola Cinquetti, que siendo una chiquilla consiguió el triunfo en 1964 con su fabuloso Non ho l´età (alguna alma benefactora ha podido reconstruir dignamente el audio original, que por razones que desconozco estaba hecho unos zorros) y diez años después fue la única que pudo competir de igual a igual al huracán Abba a su paso por Brighton; verán al gran Domenico Modugno en 1958, con una de las canciones más populares de la segunda mitad del pasado siglo, Volare (Nel blu dipinto di blu), con unos deliciosos arreglos jazzys, y por supuesto a ese genio llamado Franco Battiato, que a dúo con la imperial Alice, se llevó la ovación más atronadora de ese 1985 en el Teatro Municipal del Gran Ducado.
¡Vuelve Italia! y nos vamos a divertir...
El pasado 30 de Enero nos dejaba uno de los mejores músicos de bandas sonoras de los últimos 40 años, el gran John Barry.
Como pueden imaginar, el territorio conocido como blogsfera se pobló (con toda justicia) de loas, glosas, semblanzas y homenajes al gran compositor, ofreciendo durante unos días un menú casi único en el apartado cinematográfico.
En uno de los lugares que suelo frecuentar, La Gran Pantalla (un blog estupendo, no dejen de visitarlo), me uní al pésame general, mostrando mis respetos y admiración al gran músico británico, para añadir que no dejaba de ser terrible para el mundo de las bandas sonoras que en poco lapso de tiempo hubieran fallecido dos genios indiscutibles como Barry...y Henry Mancini.
La verdad es que aquello fue un alarde de optimismo por mi parte,ya que como todos ustedes saben, el mítico Henry hacía ya más de dieciséis años que había entregado su alma al Altísimo, sin que hubiera en ningún caso noticias de leyenda urbana alguna, ningún testimonio de verle pasear por la Plaza de Wichita, o dirigiendo de incógnito alguna orquesta veraniega en el litoral granadino. Eso sólo le ha pasado a Elvis.
En realidad la causa del mi trastorno pasajero, es que no hace ni dos meses que falleció Blake Edwards, con el que Mancini formaba un tándem soberbio, una sociedad que esté posiblemente en el trío más espectacular directores-músicos, como Bernard Hermann-Alfred Hitchock o John Williams-Steven Spielberg.
Reconociendo que mi músico de cine favorito es Bernard Hermann, por Mancini siempre he sentido una devoción especial; seguramente como viejo aficionado al jazz conecto muy bien con esa música elegante, ambiental, swingeante, sofisticada, que es oirla y sentir que los pies se mueven solos, y uno sonríe sin poder evitarlo.
Ahí van mis homenajes al gran Mancini, en la semana que sólo se hablaba de Barry:
la fabulosa canción Nothing to lose, de la hilarante El guataque, donde la dulce Claudine Longet se arranca, guitarra en ristre, con aires de Astrud Gilberto; el portentoso tema principal de Chantaje contra una mujer, y esa joya llamada Peter Gunn.
¡¡Viva Mancini!!