Damas y caballeros, sin saber muy bien como ha sido, ya estamos a día veinticuatro, a escasas horas de Nochebuena...y como no podía ser de otra manera mis mejores deseos para todos, y muy especialmente a aquellos que me honran con sus visitas y comentarios.
Nada mejor para estas fechas que un villancico, por supuesto salteado, sazonado, condimentado al ritmo del mejor jazz...ese maridaje sencillamente delicioso, que es una excelente compañía, ya sea en los aperitivos o alternándolo con un buen tónico reconstituyente...
¡¡FELIZ NAVIDAD!!
lunes, 24 de diciembre de 2012
jueves, 6 de diciembre de 2012
Un balón para Iniesta
Hace unos días, se conocieron los nominados para el Balón de Oro, el prestigioso trofeo que conceden al alimón la revista France Football y la FIFA. Como no podía ser de otro modo, ahí estaban la gran divinidad del balompié, el astro argentino Leo Messi; ese crack portugués llamado Cristiano Ronaldo y completaba el trío de ases nada menos que Andrés Iniesta, el genio manchego de Fuentalvilla.
Debo confesarles que la presencia del blaugrana me parece una excelente noticia; y es que el menudo interior es consustancial a la edad de oro que vive nuestro fútbol. Alguna vez me he referido a que nunca podremos agradecer lo suficiente a don Luis Aragonés, cuando en el otoño de 2006 decidió dar un espectacular golpe de timón, licenciando a Raúl González, Cañizares y Michel Salgado, entregando el alma de la escuadra nacional a Xavi Hernández, Silva, Cesc Fábregas...y Andrés Iniesta. El resultado lo conocemos todos, en forma de días felices, días de vino y rosas, que algunos ya habíamos soñado, pero nunca vivido.
La pasada Eurocopa fue un clarísimo ejemplo del poderío de Iniesta. A priori, sin la competencia del rosarino Messi, Cristiano Ronaldo, CR7, era el gran favorito para consagrarse como mejor jugador del campeonato, y de paso mostrar de forma contundente su candidatura para empresas mayores, pero tras las dos primeras jornadas, hubo unas instantáneas que dieron la vuelta al mundo...y eran nada menos las precauciones que las defensas rivales, de Italia y Croacia manejaban para frenar al bueno de Iniesta...¡aquello era exactamente igual, en una traslación entre Woody Allen y Lewis Carroll, de los marcajes imposibles que sufría Oliver Atom en la serie de animación Campeones! A partir de ahí, entre penaltys convertidos por el español, los no lanzados por el luso, y como colofón una nueva presea de oro para los nuestro...el resultado es que Andrés Iniesta fue elegido el mejor del torneo.
Curiosamente, y apenas unos días después del triunfo europeo, se vivió en nuestro país un curioso fenómeno, y es que coincidiendo con el galardón conseguido por el blaugrana, se orquestó una campaña para que el Balón de Oro fuera concedido...a Iker Casillas. Aquello no tenía demasiado sentido, sobre todo porque se argumentaba que era un reconocimiento a la selección española por su pléyade de éxitos,
que tenían como leitmotiv el exquisito juego, su trato
de balón o la audacia táctica (que entroncaba con la más gloriosa tradición del Wunderteam austriaco, la Hungría de Puskas o la Holanda de Cruyff)...pues no parecía demasiado lógico que el candidato fuera el guardameta, por excepcional que fuera (como es el caso), y no alguno de los vates que poblaban ese medio campo de leyenda...en cualquier caso, controversia interesada y seguramente, demasiado obvia.
Lo normal es que en Enero, el galardón sea para Messi, e incluso puede que CR7 tenga más opciones que el campeón de Europa, pero llegados a este punto, me parece que nos da igual. Quiero decir que Iniesta ya forma parte de nuestros arquetipos, de nuestros paradigmas, de nuestros héroes...y es que como relatara de forma épica Alfredo Mártinez en aquella noche de julio, de gélido invierno austral sudafricano, Iniesta es ya inmortal. Y es que Iniesta marcó el gol de nuestras vidas, en esos minutos finales ante una Holanda indigna de su historia, y que se defendía con acero, con una violencia extrema y tabernaria...y pasarán años, lustros, décadas... y se seguirá hablando del gol de Iniesta, que hizo posible lo imposible, aquello que le fue negado de forma inmisericorde a Zamora, Lángara y Gorostiza, a Ramallets, Zarra y Gaínza...y claro, se seguirá y se seguirá hablando de ese gol para siempre, porque como le gustaba repetir de forma sabia a Samsagaz Gamyi, es una de esas historias que merece la pena contar...(llena de oscuridad y constantes peligros, en los que los protagonistas nunca se rinden).
Debo confesarles que la presencia del blaugrana me parece una excelente noticia; y es que el menudo interior es consustancial a la edad de oro que vive nuestro fútbol. Alguna vez me he referido a que nunca podremos agradecer lo suficiente a don Luis Aragonés, cuando en el otoño de 2006 decidió dar un espectacular golpe de timón, licenciando a Raúl González, Cañizares y Michel Salgado, entregando el alma de la escuadra nacional a Xavi Hernández, Silva, Cesc Fábregas...y Andrés Iniesta. El resultado lo conocemos todos, en forma de días felices, días de vino y rosas, que algunos ya habíamos soñado, pero nunca vivido.
La pasada Eurocopa fue un clarísimo ejemplo del poderío de Iniesta. A priori, sin la competencia del rosarino Messi, Cristiano Ronaldo, CR7, era el gran favorito para consagrarse como mejor jugador del campeonato, y de paso mostrar de forma contundente su candidatura para empresas mayores, pero tras las dos primeras jornadas, hubo unas instantáneas que dieron la vuelta al mundo...y eran nada menos las precauciones que las defensas rivales, de Italia y Croacia manejaban para frenar al bueno de Iniesta...¡aquello era exactamente igual, en una traslación entre Woody Allen y Lewis Carroll, de los marcajes imposibles que sufría Oliver Atom en la serie de animación Campeones! A partir de ahí, entre penaltys convertidos por el español, los no lanzados por el luso, y como colofón una nueva presea de oro para los nuestro...el resultado es que Andrés Iniesta fue elegido el mejor del torneo.
Curiosamente, y apenas unos días después del triunfo europeo, se vivió en nuestro país un curioso fenómeno, y es que coincidiendo con el galardón conseguido por el blaugrana, se orquestó una campaña para que el Balón de Oro fuera concedido...a Iker Casillas. Aquello no tenía demasiado sentido, sobre todo porque se argumentaba que era un reconocimiento a la selección española por su pléyade de éxitos,
que tenían como leitmotiv el exquisito juego, su trato
de balón o la audacia táctica (que entroncaba con la más gloriosa tradición del Wunderteam austriaco, la Hungría de Puskas o la Holanda de Cruyff)...pues no parecía demasiado lógico que el candidato fuera el guardameta, por excepcional que fuera (como es el caso), y no alguno de los vates que poblaban ese medio campo de leyenda...en cualquier caso, controversia interesada y seguramente, demasiado obvia.
Lo normal es que en Enero, el galardón sea para Messi, e incluso puede que CR7 tenga más opciones que el campeón de Europa, pero llegados a este punto, me parece que nos da igual. Quiero decir que Iniesta ya forma parte de nuestros arquetipos, de nuestros paradigmas, de nuestros héroes...y es que como relatara de forma épica Alfredo Mártinez en aquella noche de julio, de gélido invierno austral sudafricano, Iniesta es ya inmortal. Y es que Iniesta marcó el gol de nuestras vidas, en esos minutos finales ante una Holanda indigna de su historia, y que se defendía con acero, con una violencia extrema y tabernaria...y pasarán años, lustros, décadas... y se seguirá hablando del gol de Iniesta, que hizo posible lo imposible, aquello que le fue negado de forma inmisericorde a Zamora, Lángara y Gorostiza, a Ramallets, Zarra y Gaínza...y claro, se seguirá y se seguirá hablando de ese gol para siempre, porque como le gustaba repetir de forma sabia a Samsagaz Gamyi, es una de esas historias que merece la pena contar...(llena de oscuridad y constantes peligros, en los que los protagonistas nunca se rinden).
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sábado, 20 de octubre de 2012
Días de catedrales
Fue en el verano de 2007, cuando mi hermana pequeña (conocida en estos mundos bloggeros como Capitán Araña, y que por aquél entonces vivía en Bratislava, perfeccionando su técnica musical), al venir de vacaciones, trajo en su equipaje un dvd, que causó todo una conmoción musical en la órbita familiar...la grabación era nada menos que el musical Notre-Dame de Paris, y que desde su estreno a fines de 1998, se convirtió en el gran suceso musical de esos años en el país galo...
Pues bien, lo curioso de todo aquello es que la persona que mostró mayor entusiasmo ante aquellas canciones...pues fue nada menos que mi sobrino que apenas tenía año y medio...la primera que se apercibió de aquello fue mi propia hermana, que me comentó, muy convencida, y con total aplomo...¡al niño le encanta Notre-Dame!
La verdad es que no hice el menor caso, y pensé que era una boutade, una exageración, una extravagancia propia de músicos, que son gentes peculiares... pero cierta día tuve que rendirme a la evidencia...mi sobrino estaba en su parque, mirando ensimismado, oyendo complacido las canciones de la representación...
A partir de ese día, cuando iba a verlo, lo sentaba conmigo y veíamos casi el primer acto entero...mi sobrino que es un rubiasco travieso, cariñoso y simpatiquísimo, se lo pasaba pipa con todas las canciones... incluso cuando entraba en escena nada menos que Patrick Fiori (que interpretaba al capitán Febo) gritaba alborozado, diciendo que era su papá...aquello era sin duda efecto de su amor filial, ya que mi cuñado, que posee otras grandes cualidades, ni canta, ni por supuesto le adorna ese porte apuesto...
Ya más tranquilamente, me hice como correspondía, con una copia exclusiva, para poder visionar el espectáculo de forma más apropiada (aunque menos divertida, debo admitirlo) y con el sonido que merecía...y aquello fue fabuloso...muy difícil encontrar un show semejante, sin ninguna canción de relleno, con una coreografía, una dirección artística soberbia, y unos interpretes prodigiosos.
Y es que Notre-Dame de Paris, adaptación musical de la obra de Victor Hugo, tiene una deliciosa musica de Richard Cocciante, a la que Luc Plamondon dotó de unas letras inspiradísimas...además el casting fue perfecto, impecable, nada menos que Bruno Pelletier interpretando al poeta Gringoire, Hélène Ségara a la bella Esmeralda , el citado Patrik Fiore, y por supuesto Garou en un inigualable Quasimodo o Daniel Lavoie adoptando al terrible y complejo Frollo...tras el descomunal éxito que siguió al estreno en el otoño de 1998, se sucedieron los premios y honores, y el tema principal de la obra, Belle, es elegida canción del año en Francia, y nominada entre las cien mejores del siglo XX.
A partir de ahí, se encadenan las versiones, destacando la inglesa, extraordinaria...pero también aterriza la franquicia en Italia, Rusia, Corea del Sur, Canadá, Bélgica...y España. Lamentablemente, la versión hispana es de un nivel modesto, pobre, por no decir paupérrimo...y queda a años luz del original francés. Una lastima.
Sin exagerar un ápice, les puedo asegurar que el Notre-Dame de París, es uno de los mejores musicales que se hayan compuesto nunca, al nivel de los más grandes de Broadway, pero con una magia y un lirismo estremecedor...pero, claro, en mi caso, es que siempre estarán unidas esas canciones, esos bailes...pues a esas tardes de verano, en las que disfrutaba del espectáculo con mi sobrino...días y ¡temps de cathédrales!
Pues bien, lo curioso de todo aquello es que la persona que mostró mayor entusiasmo ante aquellas canciones...pues fue nada menos que mi sobrino que apenas tenía año y medio...la primera que se apercibió de aquello fue mi propia hermana, que me comentó, muy convencida, y con total aplomo...¡al niño le encanta Notre-Dame!
La verdad es que no hice el menor caso, y pensé que era una boutade, una exageración, una extravagancia propia de músicos, que son gentes peculiares... pero cierta día tuve que rendirme a la evidencia...mi sobrino estaba en su parque, mirando ensimismado, oyendo complacido las canciones de la representación...
A partir de ese día, cuando iba a verlo, lo sentaba conmigo y veíamos casi el primer acto entero...mi sobrino que es un rubiasco travieso, cariñoso y simpatiquísimo, se lo pasaba pipa con todas las canciones... incluso cuando entraba en escena nada menos que Patrick Fiori (que interpretaba al capitán Febo) gritaba alborozado, diciendo que era su papá...aquello era sin duda efecto de su amor filial, ya que mi cuñado, que posee otras grandes cualidades, ni canta, ni por supuesto le adorna ese porte apuesto...
Ya más tranquilamente, me hice como correspondía, con una copia exclusiva, para poder visionar el espectáculo de forma más apropiada (aunque menos divertida, debo admitirlo) y con el sonido que merecía...y aquello fue fabuloso...muy difícil encontrar un show semejante, sin ninguna canción de relleno, con una coreografía, una dirección artística soberbia, y unos interpretes prodigiosos.
Y es que Notre-Dame de Paris, adaptación musical de la obra de Victor Hugo, tiene una deliciosa musica de Richard Cocciante, a la que Luc Plamondon dotó de unas letras inspiradísimas...además el casting fue perfecto, impecable, nada menos que Bruno Pelletier interpretando al poeta Gringoire, Hélène Ségara a la bella Esmeralda , el citado Patrik Fiore, y por supuesto Garou en un inigualable Quasimodo o Daniel Lavoie adoptando al terrible y complejo Frollo...tras el descomunal éxito que siguió al estreno en el otoño de 1998, se sucedieron los premios y honores, y el tema principal de la obra, Belle, es elegida canción del año en Francia, y nominada entre las cien mejores del siglo XX.
A partir de ahí, se encadenan las versiones, destacando la inglesa, extraordinaria...pero también aterriza la franquicia en Italia, Rusia, Corea del Sur, Canadá, Bélgica...y España. Lamentablemente, la versión hispana es de un nivel modesto, pobre, por no decir paupérrimo...y queda a años luz del original francés. Una lastima.
Sin exagerar un ápice, les puedo asegurar que el Notre-Dame de París, es uno de los mejores musicales que se hayan compuesto nunca, al nivel de los más grandes de Broadway, pero con una magia y un lirismo estremecedor...pero, claro, en mi caso, es que siempre estarán unidas esas canciones, esos bailes...pues a esas tardes de verano, en las que disfrutaba del espectáculo con mi sobrino...días y ¡temps de cathédrales!
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