Mi cuñado, que es un madridista confeso e irredento, tiene la teoría de que las sucesivas derrotas del equipo de sus amores ante el eterno rival, no deja de ser una cuestión psicológica, que impide que los ases merengues muestren sus mejores armas y actitud o aptitud ante la maquinaria blaugrana. Sin negarle parte de razón, yo le suelo comentar que la principal diferencia entre ambas escuadras es que el Barcelona juega mucho mejor al fútbol, como ya referí hace un año en este mismo espacio.
En gran medida, el club de Concha Espina logró su objetivo, tras la debacle de hace siete días y obtuvo un espectacular 2-6, fundamentado en su acierto en ataque, un excelente Di María, un soberbio Casillas que realizó paradas espectaculares con el 0-1, y una sobresaliente noche de Cristiano Ronaldo, que logró tres goles, un hat trick con el que engrosar su liderazgo en la tabla de goleadores.
Al terminar el encuentro, interrogado por la pizpireta Susana Guasch, el astro luso, que una semana antes había firmado una insípida actuación ante los Xavi, Messi, Iniesta y compañía, se descolgó con la siguientes afirmaciones:
Esto es para callar la boca a los que me critican. Estoy acostumbrado a que me critiquen, pero no pasa nada.Yo hago mi trabajo y lo hago bien y los que me critican es porque no entienden nada de fútbol.
Mientras escuchaba al altivo portugués, que en vez de disfrutar del triunfo y felicitar las Pascuas a la afición, se reivindicaba de forma tan poco elegante, no pude sino acordarme de cierta anécdota, que creo que viene muy al hilo de este show.
En cierto viaje que realizó el famoso torero El Gallo desde Sevilla a Madrid, a la altura de Despeñaperros, como solía ocurrir en el ferrocarril hispano de los años veinte, la locomotora empezó a sufrir sobremanera...el desfiladero se antojaba misión imposible, y poco faltó para que la llegada a Madrid se tornara utópica, ante la dureza del relieve...y la poca potencia del caballo de hierro, que diría John Ford.
Finalmente el maltrecho tren logró arribar a la Estación de Atocha, y el gran Rafael Gómez Ortega, al bajar del mismo, y al paso de la locomotora...ésta soltó un estruendoso pitido, soplando además un chorro de vapor, que hizo pegar un respingo de susto al diestro...quien notablemente enfadado se dirigió a la máquina y no dudó en espetarle ¡Esos humos, en Despeñaperros!
Quizás el crack de Madeira, CR7 por mor de la mercadotecnia, tan buen jugador como es...pues tenga más en común de lo que pueda parecer, con las andanzas y desventuras de un vetusto ferrocarril de los años veinte...







