lunes, 1 de junio de 2015

Eurovisión 2015: La crónica.

Viena, imperial capital austriaca, sede de aquella inolvidable Eurocopa de 2008, de aquel inefable verano que nos cambió la historia para siempre; Viena, una de mis tres ciudades favoritas, aquella que tuve la dicha de visitar tres, cuatro, cinco veces, entre 2007 y 2010...esa Viena señorial y abrumadora, era la elegida desde un año atrás, por mor, obra y gracia de Conchita Wurst para regalarnos la sexagésima edición del ESC 2015. El recinto designado era nada menos que el Wiener Stadthalle un modernísimo multiusos con capacidad para más de dieciséis mil espectadores, alejado de la hípergrandiosidad de años atrás, de esos rusos tan excesivos, que dan la impresión que siempre quieren ganar por aplastamiento.

El certamen de este año ha sido paradigmático, y ha seguido la estela de lo que llevo años escribiendo: Un ramillete de buenas, extraordinarias canciones, una gala plena de ritmo, conducida en esta ocasión y con chispa por beldades centroeuropeas y un lamento hispano de siempre, que esporádicamente  hemos roto, ya sea con Pastora Soler, David Civera, o illo tempore, ¿se acuerda alguién?, Anabel Conde. 
Pero esta edición será recordada, per sempre  por el regalo australiano,y es que la UER, con tino y mejor criterio, decidió por aquello del 60 aniversario invitar a los wallabies, a los autralianos, donde el eurofestival se vive en horario matinal, en desayuno de domingo o de aperitivo, según la costumbre que tengan por ahí.


Australia no defraudó con un rhythm and blues pegadizo y solvente, interpretado con brío por Guy Sebastian que se movía en el escenario como si de un trasunto de Michael Jackson se tratara, poniendo patas arriba el coliseum vienés...pero Australia fue sólo una de la docena larga de las notables melodías que disfrutamos en el show...Noruega y su encantador dúo formado por     Mørland &
Debrah Scarlett, la apuesta eslovena de Maaraya y sus inseparables auriculares, o la audacia del belga Löic Nottet...todo una espiral que cúlmina en el anunciado triunfo de la super potencia Suecia, con una canción coronada por una poderosa puesta en escena...los Heroes de Mans Zermelow, al que los líricos italianos y la supremacía vocal rusa, apenas podían hacer frente, en la votación y en el gusto de público y jurado.


Al final lo de siempre;  grandes temas,que nos hiceron pasar una velada fantástica,  emplazarnos para un nuevo ESC, en este caso en Malmoe, Estocolmo o similar...y contemplar como siempre lamentos, balidos y rechinar de dientes entre quienes pensaron que Edurne era Gigliola Cinquette, y su Amanecer una balada de Johnny Logan.

Eso sí, hago votos, vivamente desde este blog, para que la UER mantenga la excelente propuesta de invitar a foráneos a este show de universal referencia, y...propongo que el próximo año sea Japón, la atracción eurovisiva...y por supuesto con Miss Maki Nomiya defendiendo el pabellón del Sol Naciente ¡No me digan que no sería sencillamente homérico!

   



6 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Qué bueno volver a leer tus crónicas Tirados solitario. Gracias por volver. La verdad es que lo que más me fastidió es escuchar a Edurne después del show decir que se sentía "ganadora" Incréible. Abrazos.

El Tirador Solitario dijo...

Un placer siempre tus comentarios, Marcos. La verdad es que las declaraciones de Edurne fueron antológicas...y delirantes!
Un abrazo.

PEPE CAHIERS dijo...

¡Hombre Tirador, usted por aquí, por la blogosfera!. Me alegro de su regreso que espero no sea efímero y tengamos que esperar al próximo festival.

Un abrazo.

miquel zueras dijo...

¡Bienvenido de nuevo, Tirador! Todo un placer. Creo que es inevitable comentar esta última gala y no hablar de Edurne. Tela marinera.
Saludos!
Borgo.

El Tirador Solitario dijo...

Un abrazo amigo Cahiers!
Seguro que la periodicidad de entradas no será anual!!

El Tirador Solitario dijo...

Tela marinera, amigo Zueras, como bien indicas!!
Un abrazo.

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