sábado, 19 de febrero de 2011

Bratislava, mi ventura

Hace unos años a mi hermana le concedieron una beca Erasmus, para que continuara sus estudios de violín en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Allí estuvo varios cursos, y tras concluir su carrera realizó un máster de interpretación. Perfeccionó su técnica en un lugar de fabulosa cultura musical, y dominó su instrumento con una maestría emotiva y admirable.
La segunda persona que resultó enormemente beneficiada de esa beca fue...el que escribe, claro. Gracias a esa favorable coyuntura viajé cinco veces en los últimos cuatros años a esas tierras, al corazón de la Vieja Europa.

Bratislava está en un enclave geográfico delicioso. A sese
nta kms de Viena, a pocas horas de tren de Praga y Budapest, esa ciudad y ese país es el secreto mejor guardado de Centroeuropa. Ya a finales del primer viaje empecé a tener sensaciones, sentimientos muy curiosos. Y es que estando enamorado de Praga, fascinado por Budapest y adorando Viena, en Bratislava tenía la impresión de encontrarme en mi casa, de estar en mi ciudad, de vivir en mi país de adopción.

Bratislava es una ciudad festiva, con terrazas en las calles, con una vida que asombra, sin ser la verbena que es Praga, y con un aroma que parece Granada en primavera, con aires de Plaza Nueva o Bibarrambla.
Y es que en Bratislava está mi restaurante, el lugar donde mejor se come del Mundo,
el Modra Hviezda (La Estrella Azul), junto al Castillo, en un interior algo oscuro, con pianista por la noche, donde se puede ir a cualquier hora de 11 a 11, y donde se puede degustar el mejor gulash, el mejor ganso, la mejor oca...y los mejores caracoles. Olvídense de los caracoles del Albayzín, o de los cargol catalanes, en La Estrella Azul sirven, en una pequeña fuente esos moluscos sin concha, aderezados con unos champiñones que le llevan a uno al nirvana. Siempre que volvía a Bratislava lo primero que le preguntaba a mi hermana era "¿qué día vamos a la Estrella Azul?", y ella me respondía divertida que teníamos reserva para esa misma noche.
Pero si la comida es buena, la cerveza es...no hay palabras para hablar de la cerveza más prodigiosa de la cristiandad, algo tan fabuloso, que
ni los propios eslovacos son conscientes de lo que tienen. Zlaty Bazant son las palabras mágicas, de ese néctar que alimenta y vivifica, ya sea en male pivo o velke pivo (yo siempre recomiendo esto último). En Bratislava y sobre todo en los felices días de Banská Bystrica aprendí que la cerveza no hay que tomarla tan fría, como siempre hago en mis cuarteles mediterráneos, sino que hay que saber degustarla a temperaturas más apropiadas "me estoy eslovaquizando" lo decía siempre a mi hermana, mientras reeducaba mi paladar.

Y en Bratislava hay chicas guapísmas, encantadoras, con las que se podía conversar de la maestría del cineasta Jan Sverak, y la más guapa, la más encantadora, se admiraba que pudiera estar hablando con un español de su película favorita, Kolya (¡gracias sean dadas a José Luis Garci!).

Siempre que me iba de esa ciudad tenía la impresión que ése sería el último viaje, la última semana en esas tierras, pero siempre volvía al año siguiente, volvía para oír en los trolebuses esa voz femenina que indicaba las paradas,
Radvanska, Petrzalka, Hrad...para comer en la Estrella Azul, o para disfrutar una ópera un martes por la noche...
Y sobre todo para estar con mi hermana, porque al igual que cuando Carlos V paseaba por palacio con su hijo Felipe, el Rey-Emperador al pasar delante de un retrato de Fernando el Católico le decía, señalando la imagen "A éste se lo debemos todo". Pues yo no sé si todo, pero si sé que a mi hermana le debo tantas, tantas, tantas cosas...


11 comentarios:

Clementine dijo...

Qué envidia sana todo, Tirador. Una maravilla de viaje, todo un orgullo de hermana... Incluso la película que mencionas, "Kolya", que yo también vi gracias a Garci.
Gran entrada ésta, sí señor.

El Tirador Solitario dijo...

Gracias por tu generosidad, Clementine, y sí, se me nota lo mucho que he disfrutado en esas tierras, ¡y es verdad!, la culturilla que te puede dar haber seguido durante una década QGEC.
Un abrazo, amiga.

El Capitán Araña dijo...

Muchas gracias Tirador, por esta estupenda entrada. Me ha encantado. El orgullo de hermano, querida Clementine, lo tengo yo. No te preocupes Tirador, que esas cinco veces de viaje a Bratislava no se quedan ahí. ¡¡Claro que volveremos!!
No se puede expresar con mejores palabras el sentimiento que se puede tener hacia una ciudad. Sigue escribiendo tan bien como sólo tú sabes hacer.

Clementine dijo...

Pues entonces, Capitán Araña, bien que os merecéis el uno al otro.
Un beso para los dos.

PEPE CAHIERS dijo...

Todo esto me parece muy bien, pero usted le debe un artículo al bar "Ruilo" por su sartená de papas y huevos.

Marcos Callau dijo...

Una capital preciosa parece. Habrá que visitarla.

El Tirador Solitario dijo...

Preciosa capital, Marcos, cuando tengas ocasión no dudes en hacer una escapada por esos lares, y ya nos contarás; y tiene usted razón amigo Cahiers, el bar "Ruilo", es una lugar emblematico, ya sea en jueves o viernes noche, disfrutando de esa sartén casi alquímica y de una compañía aún mejor.

Te tomo la palabra, Capitán Araña, además no tengo la menor duda que más antes que pronto volveremos a tomar un trolebús.

Otro beso para tí, Clementine, ya sabes que en este blog se te aprecia mucho...

miquel zueras dijo...

Pasé un par de días en Bratislava camino de Budapest. Ya disfruté de la cerveza en una taberna a la que soñía ir el escritor Bohumil Hrabal pero me perdí los caracoles. Lástima, con lo que me gustan. Parece que allí los sirven al estilo francés, sin cascara y salteados con pan rallado. Saludos. Borgo.

El Tirador Solitario dijo...

Pues mira, amigo Zueras, si tienes ocasión no te lo pierdas, ya sabes, caracoles y el Modra Hviezd, ya nos contará un gourmet de su categoría...

Layna dijo...

Ha sido un "viaje sucedáneo" a Bratislava de los mejores que he realizado últimamente. Me encanta viajar y ahora que no puedo tan a menudo me he aficionado a que "me cuenten" los demás sus maravillosos viajes con anécdota incluida. Has transcrito lo mejor de un viaje, el sentimiento, la emoción, eso que solo pasa cuando uno viaja: mirar la vida como un turista. Solo discrepo en una cosa... en los caracoles! donde estén unos caracoles como los de mi tierra que se quiten los demás ( ¡es broma!) pero el restaurant Estrella azul tiene un nombre divino. Me han entrado ganas de ir a Bratislava. ¡Eres afortunado! ¡sigue gozando de tus hermanos/as!!

El Tirador Solitario dijo...

Me alegro muchísimo que te haya gustado el post, Layna, y mira, si alguna vez tienes ocasión no lo dudes, viaja a Centroeuropa que es una maravilla, y ya me contarás de los caracoles de la Estrella Azul...

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