domingo, 9 de octubre de 2011

El escarabajo de oro

Hace unas semanas, en uno de los blogs que suelo visitar, el interesantísimo A pink kink in your think, su autora reflexionaba (como siempre en formato bilingüe), sobre Carl G. Jung, el gran discípulo de Freud, y uno de los gigantes del pensamiento del siglo XX. 
Sin solución de continuidad, unos días después una buena amiga me contaba, como es posible encontrar extrañas sincronizaciones en la vida cotidiana, que pueden surgir, disfrazadas incluso, en subliminales mensajes...en una bolsita de te.
Todas esas señales, me hicieron recordar una vez más, el verano de 1984, el verano en que descubrí a Jung.
Aquella fue una época estupenda; yo disfrutaba de las Olimpiadas de 1984, de una selección española de baloncesto que lograba la medalla de plata, y sólo doblaba la rodilla de forma postrera ante una de los mejores escuadras Usa de todos los tiempos (Alvis Robertson, Michael Jordan, Chris Mullin, Sam Perkins y Pat Ewing); me prestaba a iniciar mis estudios de letras en la facultad, y en semanas vendría al mundo nada menos que mi hermana y futura violinista Capitán Araña...pues bien, en ese verano, una de las lecturas que me acompañaron fue El retorno de los brujos, de Louis Pauwels y Jacques Bergier.
Ese ensayo portentoso, total, maravillosamente escrito, que fue, sorprendentemente, un auténtico bestseller en la década de los sesenta, profundizó, amplió, matizó y puso orden en todo lo que era mi interés por lo misterioso.

En esas casi quinientas páginas descubrí personajes, paradigmas y figuras que me fascinaron ya de por vida: Fulcanelli, Teilhard de Chardin...y Carl Gustav Jung. El suizo, con sus geniales aportaciones sobre ese arcano misterioso llamado subconsciente colectivo y el fenómeno de las sincronizaciones, era para los autores franceses, el gozne, la llave maestra que podía explicar, además de revolucionar, nuestros conceptos de la Historia y el pensamiento.

Según Jung, acontecimientos independientes entre sí pueden tener relaciones sin causa y, no obstante, significativas a escala humana. Son las "coincidencias significativas", "signos" en los que Carl Gustav presiente un fenómeno de "sincronización" que revela lazos insólitos entre el hombre, el tiempo y el espacio, y que Claudel llamaba magnificamente "la fiesta de las casualidades".

Una enferma está tendida en el diván del psicoanalista Jung. Padece desórdenes nerviosos muy graves, pero el análisis no progresa. La paciente, encerrada en su espíritu realista hasta el extremo, aferrada a una especie de ultralógica resulta impenetrablea los argumentos del médico.

Una vez más, Jung ordena, aconseja, suplica:

-Abandónese, no trate de comprender, y cuénteme sencillamente sus sueños.
- He soñado con un escarabajo- responde por fin la dama, en un susurro. 
En el mismo momento, suenan unos golpecitos en el cristal. Jung abre la ventana, y entra en la estancia un hermoso escarabajo dorado, haciendo zumbar sus élitros. Impresionada, la paciente cede al fin, y puede comenzar el verdadero análisis, que proseguirá hasta la curación.

Jung citaba a menudo este suceso real que parece extraído de un cuento árabe. Y es que en la historia de un hombre, como en la Historia a secas existen muchos escarabajos de oro...  
                     (Louis Pauwels / Jacques Bergier. El retorno de los brujos)


7 comentarios:

natsnoC dijo...

Pues te digo, amigo Tirador, como le dije también a la anfitriona del blog que mencionas, que Jung no está entre los libros que suelo leer y es que la metafísica, la filosofía y la psicología están bastante lejos de mis intereses. Pero me estais picando entre todos con Jung, voy a tener que hacerme con uno.

PEPE CAHIERS dijo...

Recuerdo que me llevé un ejemplar, bastante estropeado, que usted y otros dos viejos amigos me regalaron por uno de mis cumpleaños, al servicio militar y me leía unos cuantos capítulos en las largas noches de imaginaria. Aquello fue en el 85 y ya ha llovido un rato.

PEPE CAHIERS dijo...

Hablando de coincidencias extrañas, me acabo de acordar de que el Teniente Coronel al mando donde hacía el servicio de armas, en una entrevista, confesó que su libro favorito era "El retorno de los brujos".

Marcos Callau dijo...

No tenía ni idea de esta historia. Muy interesante, Tirador. Hoy me voy habiendo aprendido algo de tu blog, como muchas de las ocasiones que paso por aquí. un abrazo.

El Tirador Solitario dijo...

Jung es tan heterodoxo, amigo nastnoC, que lo hace de lo más atractivo. Tocó temas como la alquimia, e incluso el fenómeno Ovni no escapo a su análisis. Para mi es uno de los pensadores más grandes del siglo XX, y un adelantado de una modernidad increíble.

Recuerdo que adquirimos ese ejemplar en una extinta librería situada en la Gran Vía Sr. Cahiers, y curiosamente nos lo cobraron a precio de nuevo...en realidad se puede aimaginar que yo fui quien perpetró y lió al resto de los contertulios...y curiosa la anécdota castrense que nos comenta.

Jung tiene una prosa luminosa, Marcos, y un vate de tu categoría, seguro que sabrá apreciarlo..¡Un abrazo!

Marcos Callau dijo...

Nada, no conocía a Jung, Tirador pero ya me hubier agustado a mí disfrutar de las olimpiadas de 1984 para disfrutar de Michael Jordan en todo su esplendor. Era demasiado joven para entenderlo...

El Tirador Solitario dijo...

Espectacular Jordan en ese 1984, amigo Marcos. Dos meses después ya debutaba con los Bulls en la NBA, y también espectacular Ewing, que intimidaba de lo lindo.

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